jueves, 11 de diciembre de 2008

EL PREDICADOR

Toni estaba tumbado en su camastro. No pensaba nada en concreto, solo divagaba, miraba el moho verdoso en la pared delante de sus ojos e imaginaba caras y cosas.
Hacía frío en la habitación, cada vez que respiraba se formaba un vaho ante su nariz. Era Diciembre y la lluvia caía con un sonido hipnótico, ni muy suave ni muy fuerte.
Miró el reloj.
Eran las 9 de la mañana pero no tenía intención de abandonar el calor de las mantas. Su mente correteó hasta el estado actual de su vida. Treinta y cuatro, sólo, un hijito viviendo con la madre a trescientos kilómetros y ningún futuro alagüeño por delante.
Expulsó otra vocanada de aire, trató de hacer una "o" con el vaho. No lo consiguió. Se rascó el culo y se fijó en una mancha particular de la pared. Juana.
Se parecía a Juana, la chica rubia y bonita que le tenía cojido por la entrepierna.
Se concentró en la mancha. Mientras más se fijaba, más parecido le veía, hasta tenía sus mismas piernas.
Dejó de mirarla... a su Juana.
Buscó con la mirada en la mesita al lado de la cama. Había varias latas de cerveza vacías, una cerveza de litro por la mitad y un libro viejo y desgastado.
Cojió ambas cosas.
Echó un buen trago a la cerveza, estaba fría pero sin fuerza. Abrió el libro al azar. Louis-Ferdinand escribía bien. Tenía fuerza y espíritu. Era como estar en mitad del fuego enemigo. Lo podías sentir... incluso olías la pólvora.
Leyó durante unos minutos mientras desayunaba su birra. Luego lo dejó entre las sábanas.
Tenía ganas de echar una meada. Estuvo decidiendo entre enfrentarse al frío y descargar la vejiga o aguantar al calor, entre las mantas.
Decidió que podía haber una tercera opción.
Siempre había una tercera opción...o casi siempre.
Cojió la botella, la vacío de un trago y la colocó abajo. Se bajó un poco el pijama y trató de meter la punta en la boca de la botella.
No le convencía.
Demasiado pequeña la boca de la botella, o mejor aún, demasiado grande su miembro. Aún así probó a dejar escapar un par de gotas. Se escurrieron por fuera.
Desistió, pero ahora le escocía ahí y sus ganas de mear se multiplicaron por cien.
No le quedó más remedio que saltar a las baldosas sueltas y frías y correr al baño. Llegó casí cuando se le escapaba. Sintió un gran alivió mientras la vejiga se vacíaba. Le gustaba el ruido de su meada cuando caía en el agua del retrete. Parecía que estuviese meando un toro.
Estaba en la mitad cuando alguien llamó a la puerta.
Tres toques contundentes y con energía.
Nadie iba nunca a verle. Nadie llamaba a su puerta, solo los del gas y nunca les había invitado.
Aquella meada no acababa nunca y los tres toques se repitieron.
-¡Un momento¡ - gritó
Por fín acabó, se subió el pijama, no pudo evitar que la última gota lo humedeciera y salió del baño rápidamente.Tuvo un breve flash mental.Volvió dentro del baño, se miró en el espejo y se peinó un poco con los dedos.
Tal vez las estrellas o los dioses habían querído dejar de reirse de él y le habían concedido un pequeño presente en forma de mujer en la puerta.
La abrió con cierta esperanza.
No fue así. Era un hombre.
Un hombre trajeado, traje negro, corbata negra, camisa blanca y zapatos negros.
Por encima llevaba una gabardina negra y en la cabeza un sombrero negro. En un ojal de la chaqueta llevaba una rama de olivo o de algúna otra planta. Todo su atuendo era elegante aunque gastado. Se veía realmente gastado. Miró su mano derecha. Llevaba un sello de oro grandísimo en el dedo anular.
-¿Quién coño es usted? - preguntó Toni algo decepcionado. Se fijó en su maleta negra.
-¡Buenos días, señor¡ ¿Cómo está usted? Mi nombre es Lucas y he venido a
SALVARLE - su tono era cordial y vehemente, le tendió la mano, la cojió y le saludó con vigor
- ¿Salvarme? ¿Es que hay algún incendio en el edificio? - Toni tenía un humor fino a veces, al menos eso le gustaba pensar a él.
El hombre le miró con sus grandes ojos negros llenos de humanidad. Parecía un buen tipo, aunque el mundo estaba lleno de buenos tipos con ojos grandes y negros. Tenía una gran sonrisa enganchada a la boca. Parecía real, como si conociera algún secreto que iba a revelar pronto.
Toni no sabía que pensar de él.
- ¿Es del ayuntamiento? - Aún tenía que pagar las tasas de recojida de basuras de hacía tres años.
- ¡No¡Vengo de más arriba - y soltó una sonora carcajada que retumbó en las escaleras del edificio - ¡Permítame¡
Y sin más preámbulos se deslizó por el hueco de la puerta que no cubría Toni.
Caminó con paso decidido a la sala de estar. Era una sala de estar fría, sin sofá y sin casi nada, los cristales estaban llenos de gotitas de agua y entraba poca luz, el sol no tenía agallas para traspasar la maralla de nubes negras.
Solo había un par de sillas de plástico alrededor de una pequeña mesa redonda. Allí se sentó Lucas, poniendo el maletín encima de la mesa. Volvió a levantarse de un salto y se quitó la gabardina. La colocó bien colocada en el respaldo de la silla. Luego puso el sombrero sobre la mesa con elegancia. Se colocó el flequillo en su sitio con los dedos y se sentó.
-¡Siéntese, amigo¡ No le quitaré mucho tiempo - dijo señalando la otra silla con la mano
Era pura eléctricidad. Todos sus movimientos derrochaban una gran energía y seguridad. Justo todo lo que le faltaba a Toni.
Toni estaba cohíbido. Había seguido a Lucas hasta la sala y estaba sentándose enfrente.
- ¡Póngase cómodo¡ - soltó finalmente Lucas
- ¡Bien¡ Como le he dicho, he venido a salvarle. He venido a traerle una revelación.
Y todo zumbaba de eléctricidad, Lucas, las sillas, la mesa redonda y hasta las paredes. Tenía una voz potente Lucas
- No sé de que me está hablando - Toni estaba un poco nervioso. Le hubiera gustado tener el coraje de decirle que se fuera, pero se sentía aplastado por la personalidad del hombre.
- ¿Puede servirme algo para el frío,amigo? - Lucas le echó una gran sonrisa mientras se frotaba vigorosamente las manos. Luego abrió la maleta finamente, pero Toni no podía ver lo que había dentro
- Tengo una botella de Glenfiddich abierta
- Bien, será suficiente amigo
Toni corrió a por la botella y dos vasos .Llegó, los llenó y se sentó en la mesa frente a frente. Se sorprendió a si mismo ante su propio despliegue de amabilidad . No le gustó
- ¡Bueno¡ ¿Qué es eso tan importante que me tiene que revelar? - preguntó Toni mientras bebía un buen trago de su vaso. Hizo una mueca al beber. Demasiado fuerte como desayuno.
El otro se ventiló el vaso de un golpe. Parecía tener bastante práctica.
- ¡Escuche amigo¡ ¿No ha oído hablar del Juicio Final?
- ¿El Juicio Final? ¿El juicio ese de la tele tan famoso del asesino y violador que pillaron hace unos meses?
- ¡No amigo¡ El Juicio Final... ya sabe. El Señor va a traer un Juicio donde nos va a juzgar a todos según lo que hayamos echo en la vida
- ¿Y los que no hallamos echo básicamente nada? - preguntó Toni y pensó que era una aguda pregunta
- ¡Todos hacemos algo...¡ Hasta los que no hacen nada, los que están en una silla de ruedas o son vegetales. O están de su parte o no lo están...T odos tenemos responsabilidad. ¡No hay lugar para la neutralidad en esto, amigo¡ - Lucas era una furia de ademanes y gestos cuando hablaba
- ¿De parte de Quién? - preguntó Toni mientras llenaba de nuevo los vasos
Lucas calibró con la mirada a Toni mientras se frotaba el mentón.
Hubo un silencio. Toni le mantuvo la mirada un segundo. La bajó pronto.
- ¡ Del SEÑOR¡ No me diga que nunca le han hablado del Señor... del Creador. Del Causa Que Llegue A Ser. ¡¡De DIOS,HOMBRE¡¡
Toni bebió otro trago.
- ¡Hombre¡ Todos hemos oído hablar de EL, pero parece que EL no ha oído hablar de nosotros, ¿no le parece?
- ¡No sea blasfemo, amigo¡ El está al corriente de todo lo que hacemos. ¡Hasta el último detalle¡ - se puso ligeramente serio Lucas
-¡Tal vez sea así¡ - concedió Toni
-¡Bien¡ El nos ha revelado que en un plis-plas va a actúar - e hizo chasquear los dedos con furia - ¡Aquí está todo¡ - Abrió el grueso libro e hizo pasar las hojas a toda velocidad ante las narices de Toni
- ¿Qué es eso? - preguntó Toni, aunque sospechaba cuál era la respuesta.
- ¿Qué es esto?, ¿Qué es esto, me pregunta tan tranquilo? - Era como si la pregunta le hubiera mosqueado de veras. Miró al techo como si pidiera paciencia a alguien que solo él podía ver y volvió a mirar a Toni. - ¡La Biblia¡ Por supuesto que es la Biblia,
¿Qué se creía que era? Aquí está toda la verdad ¡ la UNICA VERDAD¡

El predicador hizo una pausa de efecto y se bebió el vaso con fuerza.
Tenía talento para hacerse con su público.Y presencia. Su traje negro le hacía parecer alguien importante con algo importante que decir.
El eco aún retumbaba en la sala vacía. Lucas miró a Toni mientras se servía otro vaso. Más bien lo escaneó. Toni empezaba a estar algo mareado por el whisky. No había comido nada en al menos 24 horas. Si seguía así pronto se le subiría a la cabeza. Quería estar solo, pero ahí tenía a aquel loco predicador, en su sala de estar y no sabía como echarlo de allí.
De pronto, Lucas rompió aquella pausa.
¡¡BOOM¡¡
Su voz sonó como una escandalera de cristales rotos.
Abrió la Biblia de golpe y leyó el primer versículo que encontró. Su voz era teatral, fuerte, ¡como un bombazo¡
-¡SÁLGANSE DE ELLA, PUEBLO MÍO, SI NO QUIEREN PARTICIPAR DE SUS PLAGAS ¡¡PORQUE SUS PECADOS SE HAN AMONTONADO HASTA EL CIELO Y DIOS HA RECORDADO SUS ACTOS INJUSTOS, ¿Lo ve, amigo? No me lo invento yo, ¡¡ ESTÁ AQUÍ ESCRITO, EL LO HA ESCRITO¡¡
Lucas estaba visiblemente excitado y su cara se había vuelto roja como una granada. Toni no estaba seguro de si era por sus palabras o por la bebida.
El otro le cerró el libro de un golpe frente a la nariz. Era verdaderamente bueno para captar su interés.
Toni no sabía que decir. Realmente estaba ahí escrito, aunque por otro lado eso no significaba nada necesariamente. Al no encontrar nada que decir se decidió a llenar los dos vasos de nuevo y encojerse de hombros.
Poco le quedaba a la botella ya.
Lucas estudiaba el efecto de sus palabras en Toni. No sabía que pasaría por su mente. Parecía que todo le traía sin cuidado a ese hombre.
- Un pasaje del APOCALIPSIS, amigo...¡casi nada¡ - el predicador temblaba de emoción
- Escuche, Lucas. Estoy a un paso de creerle, pero no veo la relación conmigo en el asunto. Estoy seguro de que si El quiere traer un Juicio Final a todos los hombres, lo traerá y con razón, pero creo que debería empezar por las mujeres. Al final todos iremos al infierno de cabeza y allí continuará todo igual que aquí. Continuaremos dividiendo las llamas del infierno con fronteras y peajes y poniéndoles una banderita. Habrá hombres que se pelearan con otros hombres por las llamaradas más calientes y brillantes. Se harán ejércitos, tanques y metralletas. Y seguiremos buscando trabajos miserables para ir tirando, solo que no tendremos la salida de morirnos porque ya estaremos muertos
- ¡No diga tonterías, hombre¡ - respondió Lucas.
Lucas era bueno con la oratoria y no le gustaba escuchar a otros esplayarse demasiado. Se levantó lentamente, como si estuviera en un plató de cine.
Se puso a pasear por la habitación mientras hablaba.
-¡Escuche, parece usted un buen hombre¡ He venido a decirle que en pocas semanas Dios traerá su Juicio y el 90 por ciento de la humanidad morirá irremediablemente. Dará igual que hayas sido una buena persona, que hayas dado de comer a los pobres, que hayas pintado bonitos cuadros o que hayas sido el mayor cabrón de la historia de los cabrones de la humanidad. Todos caeran como moscas el Día de la Cólera del Señor. Solo los que hayan acatado sus leyes serán salvos. Y sus leyes son innegocibles, ¡amigo¡ No fornicar, no robar, no asesinar, obedecer al Cesar y amar al prójimo como a tí mismo, entre otras
- Bueno, Lucas, yo ni robo, ni asesino... ni siquiera fornico. Creo que podría ser de los salvados
Lucas se quedó parado y en silencio de nuevo. Aquél tipo se creía demasiado listo.
O eso parecía a veces.
- No es tan facil como crees, amigo. Hay muchos requisitos que ni siquiera imaginas. Debes conocer. Solo el conocimiento exacto del Señor podrá salvarte, y apuesto a que tu no posees ese conocimiento exacto, ¿verdad, amigo?
- Ahí creo que me ha pillado - reconoció Toni.
Apuró la botella sirviendo los dos últimos vasos de whisky. Ambos lo cojieron y se lo tomaron de un golpe. Empezaba a hacer menos frío y Toni se sentía cada vez más suelto.
- ¿Lo ve? Ahí está la cuestión... yo podré arreglar eso del conocimiento. Le regalaré todo el que tengo, que no es poco.
- No sé si me veo con todo ese saber encima, amigo - respondió Toni.
-¡Confíe en mi¡ - respondió Lucas y guiñando un ojo continuó - ¡Sirva otro vaso, amigo¡
-Creo que no queda más - Lucas estaba convencido de que la botella estaba vacía, pero cuando la miró vió que quedaba aún para un par de vasos más. La cojió ligeramente sorprendido y los sirvió.
- ¡Bueno¡ Y más o menos para que día llegará ese Juicio. Tenía una cita importante programada para dentro de diez días - dijo Toni
- Queda muy poco tiempo. No puede gastarlo en tonterías. Hay que concentrarse en lo vital y lo vital ahora es el conocimiento. Voy a venir todos los días a las 10 de la mañana a enseñarle la Biblia. Así que a partir de ahora déjese de trivialidades y concéntrese en sus salvación. ¡Póngame otro vaso, amigo,es un buen whisky¡
El whisky estaba empezando a hacer mella en Toni. Suponía que ya no quedaba, pero aún pudo servir otros dos vasos hasta arriba. "Es extraño", pensó
- ¡Ahora brindemos por su salvación, amigo¡ - se acercó Lucas con un traspie a Toni. Chocaron los vasos y algo de Whisky se derramó en el suelo. Se lo ventilaron.
Lucas volvió a su maleta y empezó a sacar libros.
Un libro grueso, libros más pequeños de colores y algunas revistas. Las colocó y las dejó caer delante de Toni.
- ¡Esto ayudará a que te salves, amigo¡ - aseguró dando golpecitos con el dedo índice sobre las revistas
-¡Espero que con eso sea suficiente¡ - sonrió Toni - ¡ Ahí parece haber muchas letras¡
Lucas echó una carcajada de las suyas. Retumbó todo el edificio.
Estaba ahí de pie, delante de la mesa y medio tambaleándose, dando palmas sonoras alegremente.
Cojió la botella y volvió a llenar los vasos. Los engulleron.
-¡Oiga,amigo¡ Parece un buen trabajo el suyo, ¿Hay alguna forma de entrar en su empresa? - Preguntó Toni trabándo la mitad de las palabras - Hace dos días que me quedé sin trabajo
Lucas se quedó mirando en silencio a Toni, serio de repente. Se dejó caer en la silla pesadamente. Y debía pesar al menos cien kilos largos. La silla protestó pero aguantó.
-¡Esto no es ningún trabajo, amigo¡ - dijo lentamente pero con la forma afectada de hablar de los bebidos. - Esto lo hago yo por amor al prójimo. He tenído que pagarme la gasolina yo mismo. Incluso tuve que cambiar dos neumáticos antes de venir, eso me costó una pasta, ¿sabe? Eso es amor al prójimo, ¿entiende?
-¡ Entiendo¡ No parece que vaya a hacerse rico con esto - dijo Toni
- ¡Oiga,amigo,¿me permite ir al baño a echar una meada? - dijo Lucas levantándose de nuevo. Se le veía bastante tocado con la bebida.
- La segunda a la derecha, por el pasillo - señaló Toni
Toni se quedó allí solo, sentado, volviendo a llenar los vasos y haciendose mil preguntas ¿Qué coño era todo eso? ¿Qué coño pasaba con la botella? ¿Quién coño era ese tipo que estaba en su casa poniendose ciego de priva y hablándole de su salvación?
Estaba sumamente mareado, solo llevaban bebiendo dos horas y estaba realmente beodo. El calor del whisky le subía desde la entrepierna hasta el cogote.
Volvió a vaciar el vaso de un golpe y a llenarlo. No había forma de acabar con la botella.Se lo bebió tambien y volvió a llenarlo.
La botella nunca dejaba de tener para un último trago. ¡¡Era verdaderamente milagroso¡¡
Oyó los pasos del predicador. Entró trastabillando y con la corbata desanudada. Estaba rojo como un tomate y se había echado agua sobre la cara.
Tomaba grandes bocanadas de aire. Parecía un atún recién pescado buscando su bocanada salvadora.
Se dejó caer sobre la silla.
Tomó su vaso lleno y se lo tiró al coleto. Lo llenó dos veces más y se los ventiló igualemente.
- ¡Oiga¡ - dijo Toni tirado sobre la mesa. Las palabras le patinaban en la lengua
.- ¿Cómo consigue que la botella nunca se acabe? ¿Cómo lo hace?
Lucas lo miró tragando aire con la boca abierta y le echó una sonrisa de complicidad.
- Ya le dije que vengo de arriba - y se rió dándose fuertes manotazos en los muslos. Volvió a servir dos tragos más.
Ahora ya no parecía un predicador. Parecía solo un borracho de taverna, gordo, ido y sudoroso. Como tantos otros en cualquier bar de cualquier parte del mundo.
Se tomó el suyo de golpe, dejó el vaso con fuerza en la mesa y se quedó mirando a Toni con los ojos abiertos como platos, como si lo hubiera visto ahora por primera vez y estuviera sorprendido con su descubrimiento.
- Su...su... su... ¡SU SALVACIÓN , amigo¡. ¡SU SALVACIÓN¡ - Pudo decir señalando con el dedo a Toni y se desplomó como un saco de mierda en la mesa.

Toni estaba practicamente en el mismo estado que el otro. Era como si se hubieran bebido tres o cuatro botellas cada uno de whisky en tiempo record. Se fijó en la cabeza del predicador. Era una cabeza grande, inmensa. "Como la cabeza de un gran mastín" - pensó Toni
Trató de levantarse, lo consiguió a la tercera y se quedó allí de pie unos segundos.
- Mi salvación...mi salvación - repitió riéndo - MI SAL...VA...CIÓN
Puso las manos sobre la cabeza del predicador y le pegó unos golpecitos amistosos, despeinando sus cabellos negros. Se inclinó y le dió un beso en la mejilla.
Al fin y al cabo, aquel hombre había pagado de su propio bolsillo la gasolina y los neumáticos para salvarle y eso era mucho más de lo que había echo nadie nunca por él. Incluída su ex-mujer.
Trató de levantarlo para llevarlo a la cama. No podía dejar al amigo que quería salvarle con ese frío encima de la mesa. Tiró de él durante unos minutos sintiéndose cada vez peor y más enfermo.
Le venían arcadas a la boca a cada instante.
Lo intentaba con todas sus fuerzas pero no podía con aquella mole de carne, grasa y conocimiento.
Finalmente no consiguió reprimir una arcada y lo echó todo encima del predicador. Bilis, whisky y más bilis.
El whisky milagroso era igual de malo que el whisky barato cuando se trataba de sus efectos.
Trató de limpiarle con la gabardina y con el sombrero. No lo consiguió.
Decidió que si no podía transladarle a la cama, tampoco él lo haría, debía quedarse a dormirla con su amigo en su silla, frente a frente.
Más tarde solucionarían lo de su salvación.

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