Kati era una mujer trabajadora.
Kati tambien estaba harta, pero era una mujer trabajadora, como lo fue su madre y su abuela antes que su madre. Demasiadas generaciones de madres trabajadores corrían por sus venas. Y eso pesaba mucho.
Se levantaba a las siete cada día, hacía el desayuno a su marido, luego preparaba la ropa y el bocadillo a su hijo de ocho años para el colegio, y por último se preparaba ella.
Cuando todo estaba en orden, salía a limpiar el piso de un viejo y tambien al viejo. Con esto conseguía 600 pavos extra para llegar a final de mes. Se pasaba allí cinco horas, hasta la una. Luego iba corriendo a su casa a preparar la comida para su hijo y su marido que llevaba tres meses en el paro y limpiar lo que podía. A las tres volvía a cuidar del viejo y salía a las siete de la tarde.
Cada día era igual. Y lo único que hacía era añadir nuevos eslabones a su cadena.
Pero Kati estaba harta.
Aquella noche, Sebastian estaba serio. Sebastian era su marido. Era un tipo raro. Alto, grueso. Con la cabeza redonda y los ojos redondos, incluso su nariz y sus orejas eran redondas. Todo en él parecía redondo.
Kati había preparado la cena. Chuletas de cerdo con puré de patatas. Puso la mesa y sirvió.
Sebastian estaba silencioso. Llevaba silencioso toda la tarde. Kati estaba tensa. Se ponía tensa siempre que Sebastian estaba silencioso.
Se sentaron a la mesa y comenzaron a cenar. Pronto explotó el misíl.
- ¿QUÉ CLASE DE BAZOFIA ES ESTA? - gritó de pronto Sebastian
Las chuletas estaban algo quemadas para el gusto de él.
- Están solo un poco pasadas, ¡cariño¡ - dijo ella con voz suave
Ella tenía un pelo bonito, pelirrojo, algo ondulado. Le llegaba hasta la cintura. Era resultona, delicada y sin mucho pecho. No era una miss pero era atractiva.
- ¡ESTO NO HAY QUIEN SE LO TRAGUE¡ - chilló él
Cojió la carne y la tiró al plato donde estaban las otras chuletas. Apartó su plato de un manotazo.
- ¡Te puedo preparar otra cosa ¡ - dijo Kati
- ¡ NO QUIERO NADA¡
Se sirvió un buen vaso de vino. Lo engulló.
Silencio
Kati y el hijo comían en silencio. Sebastian volvió a llenar su vaso. Era un vino barato.
Lo tragó. No apartaba la mirada de su mujer.
Sebastian se levantó y paseó por la cocina. Se oía el tic-tac de la bomba en su interior.
Kati no levantaba la vista del plato. Miraba de reojo a su hijo que comía nervioso.
Oían sus pasos. Se mezclaban con los sonidos de los cubiertos sobre el plato.
- ¿Quién era el tipo del supermercado? - preguntó finalmente
Ella levantó la vista sorprendida
- ¿Qué tipo del supermercado, cariño?
- ¡NO TE HAGAS LA TONTA CONMIGO¡ -chilló
- ¡No se de qué me estás hablando¡
- ¡Tengo amigos que te han visto¡
- ¿Qué han visto, cariño? - su corazón amenazaba con escapar por su boca
- Te han visto hablando con un tipo moreno, ¿QUIÉN ES?
- ¡No lo sé¡ Tal vez alguien me habló, pero no conozco a nadie, ¡de verdad, cariño¡
Sebastian dió dos pasos hasta ponerse a su lado. Era una cocina muy pequeña pintada de verde sucio.
- ¡NI SE TE OCURRA MENTIRME¡ - Dijo levantando la mano
Ella se acurrucó instintivamente.
- Sebastian, no conozco a nadie del supermercado - dijo ella lentamente
El volvió a alejarse al otro extremo de la cocina. Era obvio que quería creerla. Le hubiera gustado no saber nada, que todo fuera mentira, pero la habían visto. La habían visto hablando con un tío, a ella,¡ A SU MUJER¡. Y sus amigos no le mentirían. No con cosas como esta. Estuvo guardando su rabia unos segundos. Cabilaba. No era un hombre que cabilara mucho por naturaleza, pero ahora lo hacía y Kati casi podía oirlo.
Se veía el dolor y la rabia en las muecas que hacía.
Kati odiaba a Sebastian. Llevaba años odiándolo, silenciosamente, por debajo de su piel.
Al principio solo era resentimiento. Pero ahora lo odiaba con todas sus fuerzas. Odiaba cómo comía, odiaba cómo caminaba, odiaba cómo le quedaban los pantalones, su olor y su pelo, incluso el sonido qué hacía cuando se rescaba. Había desperdiciado su vida. Se había casado con él a los veintiuno y pronto se dió cuenta que se equivocó. Llegó el niño y su vida se convirtió en una condena. Solo tenía treinta, pero se sentía como su madre. Vieja.
Era cierto que aquél chico moreno le habló en el supermercado. Era atractivo.
Llevaba varias semanas mirándola cuando compraban. A ella le gustaba, le gustaban sus ojos, su pelo, cómo se movía... pero estaba casada, mal casada, pero era una mujer legal. Nunca se le pasó por la mente engañar a su marido. Le preguntó su nombre un día, pero ella ni siquiera se lo dió. Le dijo que no sabría pronunciarlo.
Llevaban varias semanas coincidiendo en el super a la salida de su trabajo, antes de ir a preparar la comida para su familia. Tal vez él hacía coincidir su horario con el de ella. Kati se había acostumbrado a él. Disfrutaba con esos poco minutos de miradas en la cola de las cajas. El la sonreía. Le hacía sentirse joven y atractiva.
Sebastian solo era un pedazo de carne, de carne redonda. Solo quería su ración nocturna antes de dormir, o al despertarse por las mañanas. Odiaba aquello.
En cambio, con aquél había eléctricidad. Y ni siquiera sabía su nombre. A veces él le decía que la invitaba a un café o que adoraba su cabello rojizo. Frases fugazes a media voz entre la sección de carnes y la de pescados, pero ella se hacía la tonta. Pero le gustaba. Le gustaba de verdad aquello.
Y ahora su marido se había enterado de eso. Y ni siquiera le había dado su nombre.
- ¡MATARÉ A ESE TIPO¡ - Soltó Sebastian
Se llenó otro vaso de vino. Se lo metió dentro
- ¡MATARÉ A ESE TIPO¡ - volvió a decir dejando el vaso en la mesa con violencia
- No conozco a nadie, de verdad, cariño - protestó ella debílmente
-¡ Carlo¡ ¡VETE A TU CUARTO¡ - Carlo era su hijo. Dejó su plato a medias, se limpió la boca y se levantó. Caminó con la cabeza gacha hasta su cuarto. Cerró su puerta y se metió debajo de la almohada. Le hubiera gustado ser un pájaro o una rata o lo que fuera para escapar de allí. Odiaba a su padre, aunque tambien le quería. Pero odiaba. En realidad no tenía claro el qué, pero había un gran odio en su interior.
A veces soñaba con matar a su padre. Era su secreto.
En la cocina el espectáculo debía continuar.
- Dime la verdad, cariño, y no pasará nada - Sebastian cambió el tono
Ella no tenía nada que ocultar, pero se sentía como si fuera un pendón. No sabía que hacer y se quedó en silencio con la cabeza gacha.
Jugueteaba con el tenedor en el plato.
Sebastian continuaba paseando y bebiendo vino. No era un gran vino, pero no estaba para pequeños detalles.
Se acercó a ella de nuevo
- ¡Dime la verdad¡ No pasará nada - su voz temblaba
Ella levantó la vista y decidió hablar. No había echo nada malo
- Hay un chico que me saluda a veces en el super, pero no le conozco
- ¿Y tú le hablas? - preguntó él controlando la voz
- A veces le digo "hola", pero ni siquiera conozco su nombre
Sebastian volvió a pasear. Tenía una expresión triunfante en el rostro. Se pasaba las manos por su cabeza redonda. Sudaba de indignación.
- No hace falta que conozcas su nombre - dijo él volviendose hacia ella - ¡NO HACE FALTA CONOCER SU NOMBRE PARA HACER COSAS¡ - Chilló al final
-¡ YO NO QUIERO HACER COSAS¡ - Ella estaba indignada - ¡ME PREGUNTÓ MI NOMBRE Y NI SIQUIERA SE LO DÍ¡
- ¡ LE MATARÉ ¡ Y A TI, ZORRA¡¡ ¡¡ NADIE ME JODE¡¡ - Sebastian golpeó la pared con la mano abierta - ¡ NADIE ME JODE A MI¡
Ella comenzó a sollozar. Se había levantado pero se dejó caer de nuevo en la silla. Odiaba todo aquello. Era humillante y no le encontraba el sentido.
- ¡ ME HAS MENTIDO, PUTA ¡ ¡ME HAS MENTIDO CON ESTO... SEGURO QUE ME HAS MENTIDO SIEMPRE¡
- ¡No te he mentido¡ - Sollozaba
- ¡TE HAN VISTO¡ Y ES CIERTO LO DEL TIPO... ¡ERES UNA ZORRA TRAICIONERA¡
Sebastian la cojio por su precioso pelo rojizo. La levantó y le cruzó la cara con el reves de su mano. Sebastian siempre se enorgullecía de sus grandes manos de albañil. A veces jugaba a hacer pulsos con Carlo.
Kati calló al suelo con la nariz ensangrentada. La volvió a levantar como se levanta a los gatos.
Kati lloraba y pedía perdón. No sabía porqué, pero pedía perdón.
- ¡ NO PUEDES HACERME ESO, ZORRA¡
Y volvió a cruzarle la cara. Esta vez hubo sonido de huesos rotos en su nariz. La sangre estaba por todo el suelo. No era un suelo bonito, baldosas desniveladas y algunas sueltas de color amarillento, pero la sangre corría bien por ahí. La sangre siempre busca las ranuras.
Kati perdió el sentido y perder el sentido no era ni mucho menos lo peor que podía perder.
Sebastian siguió gritándole. Pero ella ya no oía.
Su pelo era rojo como el fuego y estaba allí desparramado como un abanico, sobre el suelo. A Sebastian siempre le había gustado el pelo de su mujer. Lo que no le gustaba es que a otro le gustara el pelo de su mujer.
Se quedó contemplando en silencio su obra maestra. Hubo un pequeño amago de ternura y de arrepentimiento, pero pronto lo ahogó. La culpa no era suya, era de la zorra de su mujer.
La miró unos segundos más. Luego recojió su cazadora de poliester negra, se la puso y se dirigió a la salida.
Abrió la puerta y salió. No dió un portazo. Necesitaba ver a alguien comprensivo.
Carlo oyó como su padre se iba. Luego salió de puntillas de su habitación. Se dirigió despacio a la cocina. Imaginaba lo que se encontraría, pero temblaba de miedo... y de ira.
-¡ Mami¡ ¡ Mami¡ ¿ Estás bien? - corrió a ella
Se acercó a su mami. Se agachó. Ya estaba consciente. Kati se incorporó tratando de ocultar todo el estropicio, pero aquello no había forma de esconderlo.
Se levantó y abrazó a su hijo. Manchó el pijama de Carlo de rojo intenso.
Hizo que se cambiara rápido y lo metió en la labadora.
Luego se fué al cuarto de baño a limpiarse.
Tendría que estar presentable para el día siguiente.
sábado, 13 de diciembre de 2008
jueves, 11 de diciembre de 2008
EL HOMBRE-CARACOL
Hey,atiende ¡¡¡
soy el hombre-caracol mas insignificante que pisa esta santa tierra.......
'lugares olvidados' es mi casa,donde tus sueños son abortos sanguinolientos....
¿capiscas?....
y tuve algo un día pero ahora no recuerdo bien lo que fue....
sé que me hizo algo de mella...aquello....
bate tus manos cuando pase,te divertiré un par de segundos....
bátelas bien fuerte y ese será mi premio....
Has construido tu guarida como una espolvoreada polilla...eh¡....
¡¡cegaratos de luz hay a mansalva por estas aguas¡¡....
¡¡pero qué luz¡¡no se puede ni mirar con los ojos cerrados de lo sucia que es....
Los enemigos están siempre arriba,mirando de soslayo,para despistarme....
pero el hombre-caracol ya no cae más bajo,es lo bueno que tiene,....
está tan cerca del suelo que podrían ser amantes....
En realidad,existe un lugar para el oro,y tambien otro para los desperdicios....
y tú no pintas nada en todo eso,solo te nacen y buscas tu mina....
te hablo de carne y mucosidades,de forasteros y de lugares olvidados....
al final,la luz se carga a la oscuridad solo para ser reventada por la oscuridad una vez más....
y todos buscan su mina,aunque sea de suciedad...¡qué más da,chico¡....
Se utilizan como soplamocos.......
La polilla se poso en mi pecho,y me quedé empantanado ....
¡¡Fué todo un espectáculo¡¡Lo llené todo de babas y sustancias viscosas.......
Se le pegaba la lengua al paladar...a la criatura,pero no había palabras....
Y me arrastré,lento,sobre mantequilla...en movimientos aceitosos nadaba yo.....
Y las estrellas estaban incluso sucias y la luna medio negra de tragedia....
me pillas?....
Hay cosas que tienes que chuparlas para poder vomitar con propiedad,incluso eso....
Mi norte está en el vacío aunque conocí a uno que lo tenía en el sur,....
de todas formas es lo mismo practicamente....
Lugares olvidados lejos del pie es el sitio adecuado,me lo dijo un viejo que lo tenía todo....
y al que robaron todo....
Soy el hombre-caracol más insignificante de la banda,lugares olvidados grita,berrea casi....
Tiemblan los impotentes en los bordes de su camino....
Déjame paso,estoy metido hasta el cuello....
....
....
P.D.....
No CHILLES por las faltas de ortografía o la incoherencia de este vómito...
estaba en trance....
soy el hombre-caracol mas insignificante que pisa esta santa tierra.......
'lugares olvidados' es mi casa,donde tus sueños son abortos sanguinolientos....
¿capiscas?....
y tuve algo un día pero ahora no recuerdo bien lo que fue....
sé que me hizo algo de mella...aquello....
bate tus manos cuando pase,te divertiré un par de segundos....
bátelas bien fuerte y ese será mi premio....
Has construido tu guarida como una espolvoreada polilla...eh¡....
¡¡cegaratos de luz hay a mansalva por estas aguas¡¡....
¡¡pero qué luz¡¡no se puede ni mirar con los ojos cerrados de lo sucia que es....
Los enemigos están siempre arriba,mirando de soslayo,para despistarme....
pero el hombre-caracol ya no cae más bajo,es lo bueno que tiene,....
está tan cerca del suelo que podrían ser amantes....
En realidad,existe un lugar para el oro,y tambien otro para los desperdicios....
y tú no pintas nada en todo eso,solo te nacen y buscas tu mina....
te hablo de carne y mucosidades,de forasteros y de lugares olvidados....
al final,la luz se carga a la oscuridad solo para ser reventada por la oscuridad una vez más....
y todos buscan su mina,aunque sea de suciedad...¡qué más da,chico¡....
Se utilizan como soplamocos.......
La polilla se poso en mi pecho,y me quedé empantanado ....
¡¡Fué todo un espectáculo¡¡Lo llené todo de babas y sustancias viscosas.......
Se le pegaba la lengua al paladar...a la criatura,pero no había palabras....
Y me arrastré,lento,sobre mantequilla...en movimientos aceitosos nadaba yo.....
Y las estrellas estaban incluso sucias y la luna medio negra de tragedia....
me pillas?....
Hay cosas que tienes que chuparlas para poder vomitar con propiedad,incluso eso....
Mi norte está en el vacío aunque conocí a uno que lo tenía en el sur,....
de todas formas es lo mismo practicamente....
Lugares olvidados lejos del pie es el sitio adecuado,me lo dijo un viejo que lo tenía todo....
y al que robaron todo....
Soy el hombre-caracol más insignificante de la banda,lugares olvidados grita,berrea casi....
Tiemblan los impotentes en los bordes de su camino....
Déjame paso,estoy metido hasta el cuello....
....
....
P.D.....
No CHILLES por las faltas de ortografía o la incoherencia de este vómito...
estaba en trance....
APUNTES EN EL REVERSO
- ¿Y qué me dice del amor?
- Es una palabra de la cual se abusa demasiado....
- ¿No cree en el amor?....
- Solo a veces....
- ¿Cómo que a veces?....
- Solo cuando voy al baño o cuando me estiro ....
- Es raro....
- El amor es raro....
- Usted es raro....
- Por eso estoy aquí desnudo delante de usted,respondiendo a sus preguntas....
- ¿Le gustaría ser diferente?....
- A todos nos gustaría ser diferentes....
- ¿Qué cambiaría de usted?....
- Todo....
- ¿Todo?....
- Todo menos mis manos....
- ¿Sus manos?....
- Si,me gustan mis manos,son proporcionadas,bonitas y delicadas,puedo acariciar un gato o pasar las páginas de un libro con ellas...el resto podría irse al garete....
- ¿No le gusta el resto?....
- No demasiado....
- ¿Exactamente qué no le gusta?....
- Nada,no me gustan mis pies,ni mis orejas...tampoco mi forma de caminar o de bostezar....
- Es usted un hombre raro....
- Eso ya lo dijo....
- No puedo hacer mucho por usted si no me ayuda....
- Podría darme algo de dinero y un poco de ropa....
- ¿Ama a alguien?....
- Esta mañana me cruzé con un gato flaco entre la basura...creo que se podría decir que lo amé....
- ¿Un gato?¿Y seres humanos?....
- Probablemente amé a una mujer una vez mientras estaba en el baño...era extranjera,delgada y rubia...hermosa....
- Entiendo ....
- Era como un ángel,pero sin las alas ni la parafernalia de los ángeles ....
- ¿Qué pasó?....
- Nada,tiré de la cadena,me labé las manos y salí del baño.......
- Es usted raro....
- Eso ya lo dijo....
- Es una palabra de la cual se abusa demasiado....
- ¿No cree en el amor?....
- Solo a veces....
- ¿Cómo que a veces?....
- Solo cuando voy al baño o cuando me estiro ....
- Es raro....
- El amor es raro....
- Usted es raro....
- Por eso estoy aquí desnudo delante de usted,respondiendo a sus preguntas....
- ¿Le gustaría ser diferente?....
- A todos nos gustaría ser diferentes....
- ¿Qué cambiaría de usted?....
- Todo....
- ¿Todo?....
- Todo menos mis manos....
- ¿Sus manos?....
- Si,me gustan mis manos,son proporcionadas,bonitas y delicadas,puedo acariciar un gato o pasar las páginas de un libro con ellas...el resto podría irse al garete....
- ¿No le gusta el resto?....
- No demasiado....
- ¿Exactamente qué no le gusta?....
- Nada,no me gustan mis pies,ni mis orejas...tampoco mi forma de caminar o de bostezar....
- Es usted un hombre raro....
- Eso ya lo dijo....
- No puedo hacer mucho por usted si no me ayuda....
- Podría darme algo de dinero y un poco de ropa....
- ¿Ama a alguien?....
- Esta mañana me cruzé con un gato flaco entre la basura...creo que se podría decir que lo amé....
- ¿Un gato?¿Y seres humanos?....
- Probablemente amé a una mujer una vez mientras estaba en el baño...era extranjera,delgada y rubia...hermosa....
- Entiendo ....
- Era como un ángel,pero sin las alas ni la parafernalia de los ángeles ....
- ¿Qué pasó?....
- Nada,tiré de la cadena,me labé las manos y salí del baño.......
- Es usted raro....
- Eso ya lo dijo....
EL PREDICADOR
Toni estaba tumbado en su camastro. No pensaba nada en concreto, solo divagaba, miraba el moho verdoso en la pared delante de sus ojos e imaginaba caras y cosas.
Hacía frío en la habitación, cada vez que respiraba se formaba un vaho ante su nariz. Era Diciembre y la lluvia caía con un sonido hipnótico, ni muy suave ni muy fuerte.
Miró el reloj.
Eran las 9 de la mañana pero no tenía intención de abandonar el calor de las mantas. Su mente correteó hasta el estado actual de su vida. Treinta y cuatro, sólo, un hijito viviendo con la madre a trescientos kilómetros y ningún futuro alagüeño por delante.
Expulsó otra vocanada de aire, trató de hacer una "o" con el vaho. No lo consiguió. Se rascó el culo y se fijó en una mancha particular de la pared. Juana.
Se parecía a Juana, la chica rubia y bonita que le tenía cojido por la entrepierna.
Se concentró en la mancha. Mientras más se fijaba, más parecido le veía, hasta tenía sus mismas piernas.
Dejó de mirarla... a su Juana.
Buscó con la mirada en la mesita al lado de la cama. Había varias latas de cerveza vacías, una cerveza de litro por la mitad y un libro viejo y desgastado.
Cojió ambas cosas.
Echó un buen trago a la cerveza, estaba fría pero sin fuerza. Abrió el libro al azar. Louis-Ferdinand escribía bien. Tenía fuerza y espíritu. Era como estar en mitad del fuego enemigo. Lo podías sentir... incluso olías la pólvora.
Leyó durante unos minutos mientras desayunaba su birra. Luego lo dejó entre las sábanas.
Tenía ganas de echar una meada. Estuvo decidiendo entre enfrentarse al frío y descargar la vejiga o aguantar al calor, entre las mantas.
Decidió que podía haber una tercera opción.
Siempre había una tercera opción...o casi siempre.
Cojió la botella, la vacío de un trago y la colocó abajo. Se bajó un poco el pijama y trató de meter la punta en la boca de la botella.
No le convencía.
Demasiado pequeña la boca de la botella, o mejor aún, demasiado grande su miembro. Aún así probó a dejar escapar un par de gotas. Se escurrieron por fuera.
Desistió, pero ahora le escocía ahí y sus ganas de mear se multiplicaron por cien.
No le quedó más remedio que saltar a las baldosas sueltas y frías y correr al baño. Llegó casí cuando se le escapaba. Sintió un gran alivió mientras la vejiga se vacíaba. Le gustaba el ruido de su meada cuando caía en el agua del retrete. Parecía que estuviese meando un toro.
Estaba en la mitad cuando alguien llamó a la puerta.
Tres toques contundentes y con energía.
Nadie iba nunca a verle. Nadie llamaba a su puerta, solo los del gas y nunca les había invitado.
Aquella meada no acababa nunca y los tres toques se repitieron.
-¡Un momento¡ - gritó
Por fín acabó, se subió el pijama, no pudo evitar que la última gota lo humedeciera y salió del baño rápidamente.Tuvo un breve flash mental.Volvió dentro del baño, se miró en el espejo y se peinó un poco con los dedos.
Tal vez las estrellas o los dioses habían querído dejar de reirse de él y le habían concedido un pequeño presente en forma de mujer en la puerta.
La abrió con cierta esperanza.
No fue así. Era un hombre.
Un hombre trajeado, traje negro, corbata negra, camisa blanca y zapatos negros.
Por encima llevaba una gabardina negra y en la cabeza un sombrero negro. En un ojal de la chaqueta llevaba una rama de olivo o de algúna otra planta. Todo su atuendo era elegante aunque gastado. Se veía realmente gastado. Miró su mano derecha. Llevaba un sello de oro grandísimo en el dedo anular.
-¿Quién coño es usted? - preguntó Toni algo decepcionado. Se fijó en su maleta negra.
-¡Buenos días, señor¡ ¿Cómo está usted? Mi nombre es Lucas y he venido a
SALVARLE - su tono era cordial y vehemente, le tendió la mano, la cojió y le saludó con vigor
- ¿Salvarme? ¿Es que hay algún incendio en el edificio? - Toni tenía un humor fino a veces, al menos eso le gustaba pensar a él.
El hombre le miró con sus grandes ojos negros llenos de humanidad. Parecía un buen tipo, aunque el mundo estaba lleno de buenos tipos con ojos grandes y negros. Tenía una gran sonrisa enganchada a la boca. Parecía real, como si conociera algún secreto que iba a revelar pronto.
Toni no sabía que pensar de él.
- ¿Es del ayuntamiento? - Aún tenía que pagar las tasas de recojida de basuras de hacía tres años.
- ¡No¡Vengo de más arriba - y soltó una sonora carcajada que retumbó en las escaleras del edificio - ¡Permítame¡
Y sin más preámbulos se deslizó por el hueco de la puerta que no cubría Toni.
Caminó con paso decidido a la sala de estar. Era una sala de estar fría, sin sofá y sin casi nada, los cristales estaban llenos de gotitas de agua y entraba poca luz, el sol no tenía agallas para traspasar la maralla de nubes negras.
Solo había un par de sillas de plástico alrededor de una pequeña mesa redonda. Allí se sentó Lucas, poniendo el maletín encima de la mesa. Volvió a levantarse de un salto y se quitó la gabardina. La colocó bien colocada en el respaldo de la silla. Luego puso el sombrero sobre la mesa con elegancia. Se colocó el flequillo en su sitio con los dedos y se sentó.
-¡Siéntese, amigo¡ No le quitaré mucho tiempo - dijo señalando la otra silla con la mano
Era pura eléctricidad. Todos sus movimientos derrochaban una gran energía y seguridad. Justo todo lo que le faltaba a Toni.
Toni estaba cohíbido. Había seguido a Lucas hasta la sala y estaba sentándose enfrente.
- ¡Póngase cómodo¡ - soltó finalmente Lucas
- ¡Bien¡ Como le he dicho, he venido a salvarle. He venido a traerle una revelación.
Y todo zumbaba de eléctricidad, Lucas, las sillas, la mesa redonda y hasta las paredes. Tenía una voz potente Lucas
- No sé de que me está hablando - Toni estaba un poco nervioso. Le hubiera gustado tener el coraje de decirle que se fuera, pero se sentía aplastado por la personalidad del hombre.
- ¿Puede servirme algo para el frío,amigo? - Lucas le echó una gran sonrisa mientras se frotaba vigorosamente las manos. Luego abrió la maleta finamente, pero Toni no podía ver lo que había dentro
- Tengo una botella de Glenfiddich abierta
- Bien, será suficiente amigo
Toni corrió a por la botella y dos vasos .Llegó, los llenó y se sentó en la mesa frente a frente. Se sorprendió a si mismo ante su propio despliegue de amabilidad . No le gustó
- ¡Bueno¡ ¿Qué es eso tan importante que me tiene que revelar? - preguntó Toni mientras bebía un buen trago de su vaso. Hizo una mueca al beber. Demasiado fuerte como desayuno.
El otro se ventiló el vaso de un golpe. Parecía tener bastante práctica.
- ¡Escuche amigo¡ ¿No ha oído hablar del Juicio Final?
- ¿El Juicio Final? ¿El juicio ese de la tele tan famoso del asesino y violador que pillaron hace unos meses?
- ¡No amigo¡ El Juicio Final... ya sabe. El Señor va a traer un Juicio donde nos va a juzgar a todos según lo que hayamos echo en la vida
- ¿Y los que no hallamos echo básicamente nada? - preguntó Toni y pensó que era una aguda pregunta
- ¡Todos hacemos algo...¡ Hasta los que no hacen nada, los que están en una silla de ruedas o son vegetales. O están de su parte o no lo están...T odos tenemos responsabilidad. ¡No hay lugar para la neutralidad en esto, amigo¡ - Lucas era una furia de ademanes y gestos cuando hablaba
- ¿De parte de Quién? - preguntó Toni mientras llenaba de nuevo los vasos
Lucas calibró con la mirada a Toni mientras se frotaba el mentón.
Hubo un silencio. Toni le mantuvo la mirada un segundo. La bajó pronto.
- ¡ Del SEÑOR¡ No me diga que nunca le han hablado del Señor... del Creador. Del Causa Que Llegue A Ser. ¡¡De DIOS,HOMBRE¡¡
Toni bebió otro trago.
- ¡Hombre¡ Todos hemos oído hablar de EL, pero parece que EL no ha oído hablar de nosotros, ¿no le parece?
- ¡No sea blasfemo, amigo¡ El está al corriente de todo lo que hacemos. ¡Hasta el último detalle¡ - se puso ligeramente serio Lucas
-¡Tal vez sea así¡ - concedió Toni
-¡Bien¡ El nos ha revelado que en un plis-plas va a actúar - e hizo chasquear los dedos con furia - ¡Aquí está todo¡ - Abrió el grueso libro e hizo pasar las hojas a toda velocidad ante las narices de Toni
- ¿Qué es eso? - preguntó Toni, aunque sospechaba cuál era la respuesta.
- ¿Qué es esto?, ¿Qué es esto, me pregunta tan tranquilo? - Era como si la pregunta le hubiera mosqueado de veras. Miró al techo como si pidiera paciencia a alguien que solo él podía ver y volvió a mirar a Toni. - ¡La Biblia¡ Por supuesto que es la Biblia,
¿Qué se creía que era? Aquí está toda la verdad ¡ la UNICA VERDAD¡
El predicador hizo una pausa de efecto y se bebió el vaso con fuerza.
Tenía talento para hacerse con su público.Y presencia. Su traje negro le hacía parecer alguien importante con algo importante que decir.
El eco aún retumbaba en la sala vacía. Lucas miró a Toni mientras se servía otro vaso. Más bien lo escaneó. Toni empezaba a estar algo mareado por el whisky. No había comido nada en al menos 24 horas. Si seguía así pronto se le subiría a la cabeza. Quería estar solo, pero ahí tenía a aquel loco predicador, en su sala de estar y no sabía como echarlo de allí.
De pronto, Lucas rompió aquella pausa.
¡¡BOOM¡¡
Su voz sonó como una escandalera de cristales rotos.
Abrió la Biblia de golpe y leyó el primer versículo que encontró. Su voz era teatral, fuerte, ¡como un bombazo¡
-¡SÁLGANSE DE ELLA, PUEBLO MÍO, SI NO QUIEREN PARTICIPAR DE SUS PLAGAS ¡¡PORQUE SUS PECADOS SE HAN AMONTONADO HASTA EL CIELO Y DIOS HA RECORDADO SUS ACTOS INJUSTOS, ¿Lo ve, amigo? No me lo invento yo, ¡¡ ESTÁ AQUÍ ESCRITO, EL LO HA ESCRITO¡¡
Lucas estaba visiblemente excitado y su cara se había vuelto roja como una granada. Toni no estaba seguro de si era por sus palabras o por la bebida.
El otro le cerró el libro de un golpe frente a la nariz. Era verdaderamente bueno para captar su interés.
Toni no sabía que decir. Realmente estaba ahí escrito, aunque por otro lado eso no significaba nada necesariamente. Al no encontrar nada que decir se decidió a llenar los dos vasos de nuevo y encojerse de hombros.
Poco le quedaba a la botella ya.
Lucas estudiaba el efecto de sus palabras en Toni. No sabía que pasaría por su mente. Parecía que todo le traía sin cuidado a ese hombre.
- Un pasaje del APOCALIPSIS, amigo...¡casi nada¡ - el predicador temblaba de emoción
- Escuche, Lucas. Estoy a un paso de creerle, pero no veo la relación conmigo en el asunto. Estoy seguro de que si El quiere traer un Juicio Final a todos los hombres, lo traerá y con razón, pero creo que debería empezar por las mujeres. Al final todos iremos al infierno de cabeza y allí continuará todo igual que aquí. Continuaremos dividiendo las llamas del infierno con fronteras y peajes y poniéndoles una banderita. Habrá hombres que se pelearan con otros hombres por las llamaradas más calientes y brillantes. Se harán ejércitos, tanques y metralletas. Y seguiremos buscando trabajos miserables para ir tirando, solo que no tendremos la salida de morirnos porque ya estaremos muertos
- ¡No diga tonterías, hombre¡ - respondió Lucas.
Lucas era bueno con la oratoria y no le gustaba escuchar a otros esplayarse demasiado. Se levantó lentamente, como si estuviera en un plató de cine.
Se puso a pasear por la habitación mientras hablaba.
-¡Escuche, parece usted un buen hombre¡ He venido a decirle que en pocas semanas Dios traerá su Juicio y el 90 por ciento de la humanidad morirá irremediablemente. Dará igual que hayas sido una buena persona, que hayas dado de comer a los pobres, que hayas pintado bonitos cuadros o que hayas sido el mayor cabrón de la historia de los cabrones de la humanidad. Todos caeran como moscas el Día de la Cólera del Señor. Solo los que hayan acatado sus leyes serán salvos. Y sus leyes son innegocibles, ¡amigo¡ No fornicar, no robar, no asesinar, obedecer al Cesar y amar al prójimo como a tí mismo, entre otras
- Bueno, Lucas, yo ni robo, ni asesino... ni siquiera fornico. Creo que podría ser de los salvados
Lucas se quedó parado y en silencio de nuevo. Aquél tipo se creía demasiado listo.
O eso parecía a veces.
- No es tan facil como crees, amigo. Hay muchos requisitos que ni siquiera imaginas. Debes conocer. Solo el conocimiento exacto del Señor podrá salvarte, y apuesto a que tu no posees ese conocimiento exacto, ¿verdad, amigo?
- Ahí creo que me ha pillado - reconoció Toni.
Apuró la botella sirviendo los dos últimos vasos de whisky. Ambos lo cojieron y se lo tomaron de un golpe. Empezaba a hacer menos frío y Toni se sentía cada vez más suelto.
- ¿Lo ve? Ahí está la cuestión... yo podré arreglar eso del conocimiento. Le regalaré todo el que tengo, que no es poco.
- No sé si me veo con todo ese saber encima, amigo - respondió Toni.
-¡Confíe en mi¡ - respondió Lucas y guiñando un ojo continuó - ¡Sirva otro vaso, amigo¡
-Creo que no queda más - Lucas estaba convencido de que la botella estaba vacía, pero cuando la miró vió que quedaba aún para un par de vasos más. La cojió ligeramente sorprendido y los sirvió.
- ¡Bueno¡ Y más o menos para que día llegará ese Juicio. Tenía una cita importante programada para dentro de diez días - dijo Toni
- Queda muy poco tiempo. No puede gastarlo en tonterías. Hay que concentrarse en lo vital y lo vital ahora es el conocimiento. Voy a venir todos los días a las 10 de la mañana a enseñarle la Biblia. Así que a partir de ahora déjese de trivialidades y concéntrese en sus salvación. ¡Póngame otro vaso, amigo,es un buen whisky¡
El whisky estaba empezando a hacer mella en Toni. Suponía que ya no quedaba, pero aún pudo servir otros dos vasos hasta arriba. "Es extraño", pensó
- ¡Ahora brindemos por su salvación, amigo¡ - se acercó Lucas con un traspie a Toni. Chocaron los vasos y algo de Whisky se derramó en el suelo. Se lo ventilaron.
Lucas volvió a su maleta y empezó a sacar libros.
Un libro grueso, libros más pequeños de colores y algunas revistas. Las colocó y las dejó caer delante de Toni.
- ¡Esto ayudará a que te salves, amigo¡ - aseguró dando golpecitos con el dedo índice sobre las revistas
-¡Espero que con eso sea suficiente¡ - sonrió Toni - ¡ Ahí parece haber muchas letras¡
Lucas echó una carcajada de las suyas. Retumbó todo el edificio.
Estaba ahí de pie, delante de la mesa y medio tambaleándose, dando palmas sonoras alegremente.
Cojió la botella y volvió a llenar los vasos. Los engulleron.
-¡Oiga,amigo¡ Parece un buen trabajo el suyo, ¿Hay alguna forma de entrar en su empresa? - Preguntó Toni trabándo la mitad de las palabras - Hace dos días que me quedé sin trabajo
Lucas se quedó mirando en silencio a Toni, serio de repente. Se dejó caer en la silla pesadamente. Y debía pesar al menos cien kilos largos. La silla protestó pero aguantó.
-¡Esto no es ningún trabajo, amigo¡ - dijo lentamente pero con la forma afectada de hablar de los bebidos. - Esto lo hago yo por amor al prójimo. He tenído que pagarme la gasolina yo mismo. Incluso tuve que cambiar dos neumáticos antes de venir, eso me costó una pasta, ¿sabe? Eso es amor al prójimo, ¿entiende?
-¡ Entiendo¡ No parece que vaya a hacerse rico con esto - dijo Toni
- ¡Oiga,amigo,¿me permite ir al baño a echar una meada? - dijo Lucas levantándose de nuevo. Se le veía bastante tocado con la bebida.
- La segunda a la derecha, por el pasillo - señaló Toni
Toni se quedó allí solo, sentado, volviendo a llenar los vasos y haciendose mil preguntas ¿Qué coño era todo eso? ¿Qué coño pasaba con la botella? ¿Quién coño era ese tipo que estaba en su casa poniendose ciego de priva y hablándole de su salvación?
Estaba sumamente mareado, solo llevaban bebiendo dos horas y estaba realmente beodo. El calor del whisky le subía desde la entrepierna hasta el cogote.
Volvió a vaciar el vaso de un golpe y a llenarlo. No había forma de acabar con la botella.Se lo bebió tambien y volvió a llenarlo.
La botella nunca dejaba de tener para un último trago. ¡¡Era verdaderamente milagroso¡¡
Oyó los pasos del predicador. Entró trastabillando y con la corbata desanudada. Estaba rojo como un tomate y se había echado agua sobre la cara.
Tomaba grandes bocanadas de aire. Parecía un atún recién pescado buscando su bocanada salvadora.
Se dejó caer sobre la silla.
Tomó su vaso lleno y se lo tiró al coleto. Lo llenó dos veces más y se los ventiló igualemente.
- ¡Oiga¡ - dijo Toni tirado sobre la mesa. Las palabras le patinaban en la lengua
.- ¿Cómo consigue que la botella nunca se acabe? ¿Cómo lo hace?
Lucas lo miró tragando aire con la boca abierta y le echó una sonrisa de complicidad.
- Ya le dije que vengo de arriba - y se rió dándose fuertes manotazos en los muslos. Volvió a servir dos tragos más.
Ahora ya no parecía un predicador. Parecía solo un borracho de taverna, gordo, ido y sudoroso. Como tantos otros en cualquier bar de cualquier parte del mundo.
Se tomó el suyo de golpe, dejó el vaso con fuerza en la mesa y se quedó mirando a Toni con los ojos abiertos como platos, como si lo hubiera visto ahora por primera vez y estuviera sorprendido con su descubrimiento.
- Su...su... su... ¡SU SALVACIÓN , amigo¡. ¡SU SALVACIÓN¡ - Pudo decir señalando con el dedo a Toni y se desplomó como un saco de mierda en la mesa.
Toni estaba practicamente en el mismo estado que el otro. Era como si se hubieran bebido tres o cuatro botellas cada uno de whisky en tiempo record. Se fijó en la cabeza del predicador. Era una cabeza grande, inmensa. "Como la cabeza de un gran mastín" - pensó Toni
Trató de levantarse, lo consiguió a la tercera y se quedó allí de pie unos segundos.
- Mi salvación...mi salvación - repitió riéndo - MI SAL...VA...CIÓN
Puso las manos sobre la cabeza del predicador y le pegó unos golpecitos amistosos, despeinando sus cabellos negros. Se inclinó y le dió un beso en la mejilla.
Al fin y al cabo, aquel hombre había pagado de su propio bolsillo la gasolina y los neumáticos para salvarle y eso era mucho más de lo que había echo nadie nunca por él. Incluída su ex-mujer.
Trató de levantarlo para llevarlo a la cama. No podía dejar al amigo que quería salvarle con ese frío encima de la mesa. Tiró de él durante unos minutos sintiéndose cada vez peor y más enfermo.
Le venían arcadas a la boca a cada instante.
Lo intentaba con todas sus fuerzas pero no podía con aquella mole de carne, grasa y conocimiento.
Finalmente no consiguió reprimir una arcada y lo echó todo encima del predicador. Bilis, whisky y más bilis.
El whisky milagroso era igual de malo que el whisky barato cuando se trataba de sus efectos.
Trató de limpiarle con la gabardina y con el sombrero. No lo consiguió.
Decidió que si no podía transladarle a la cama, tampoco él lo haría, debía quedarse a dormirla con su amigo en su silla, frente a frente.
Más tarde solucionarían lo de su salvación.
Hacía frío en la habitación, cada vez que respiraba se formaba un vaho ante su nariz. Era Diciembre y la lluvia caía con un sonido hipnótico, ni muy suave ni muy fuerte.
Miró el reloj.
Eran las 9 de la mañana pero no tenía intención de abandonar el calor de las mantas. Su mente correteó hasta el estado actual de su vida. Treinta y cuatro, sólo, un hijito viviendo con la madre a trescientos kilómetros y ningún futuro alagüeño por delante.
Expulsó otra vocanada de aire, trató de hacer una "o" con el vaho. No lo consiguió. Se rascó el culo y se fijó en una mancha particular de la pared. Juana.
Se parecía a Juana, la chica rubia y bonita que le tenía cojido por la entrepierna.
Se concentró en la mancha. Mientras más se fijaba, más parecido le veía, hasta tenía sus mismas piernas.
Dejó de mirarla... a su Juana.
Buscó con la mirada en la mesita al lado de la cama. Había varias latas de cerveza vacías, una cerveza de litro por la mitad y un libro viejo y desgastado.
Cojió ambas cosas.
Echó un buen trago a la cerveza, estaba fría pero sin fuerza. Abrió el libro al azar. Louis-Ferdinand escribía bien. Tenía fuerza y espíritu. Era como estar en mitad del fuego enemigo. Lo podías sentir... incluso olías la pólvora.
Leyó durante unos minutos mientras desayunaba su birra. Luego lo dejó entre las sábanas.
Tenía ganas de echar una meada. Estuvo decidiendo entre enfrentarse al frío y descargar la vejiga o aguantar al calor, entre las mantas.
Decidió que podía haber una tercera opción.
Siempre había una tercera opción...o casi siempre.
Cojió la botella, la vacío de un trago y la colocó abajo. Se bajó un poco el pijama y trató de meter la punta en la boca de la botella.
No le convencía.
Demasiado pequeña la boca de la botella, o mejor aún, demasiado grande su miembro. Aún así probó a dejar escapar un par de gotas. Se escurrieron por fuera.
Desistió, pero ahora le escocía ahí y sus ganas de mear se multiplicaron por cien.
No le quedó más remedio que saltar a las baldosas sueltas y frías y correr al baño. Llegó casí cuando se le escapaba. Sintió un gran alivió mientras la vejiga se vacíaba. Le gustaba el ruido de su meada cuando caía en el agua del retrete. Parecía que estuviese meando un toro.
Estaba en la mitad cuando alguien llamó a la puerta.
Tres toques contundentes y con energía.
Nadie iba nunca a verle. Nadie llamaba a su puerta, solo los del gas y nunca les había invitado.
Aquella meada no acababa nunca y los tres toques se repitieron.
-¡Un momento¡ - gritó
Por fín acabó, se subió el pijama, no pudo evitar que la última gota lo humedeciera y salió del baño rápidamente.Tuvo un breve flash mental.Volvió dentro del baño, se miró en el espejo y se peinó un poco con los dedos.
Tal vez las estrellas o los dioses habían querído dejar de reirse de él y le habían concedido un pequeño presente en forma de mujer en la puerta.
La abrió con cierta esperanza.
No fue así. Era un hombre.
Un hombre trajeado, traje negro, corbata negra, camisa blanca y zapatos negros.
Por encima llevaba una gabardina negra y en la cabeza un sombrero negro. En un ojal de la chaqueta llevaba una rama de olivo o de algúna otra planta. Todo su atuendo era elegante aunque gastado. Se veía realmente gastado. Miró su mano derecha. Llevaba un sello de oro grandísimo en el dedo anular.
-¿Quién coño es usted? - preguntó Toni algo decepcionado. Se fijó en su maleta negra.
-¡Buenos días, señor¡ ¿Cómo está usted? Mi nombre es Lucas y he venido a
SALVARLE - su tono era cordial y vehemente, le tendió la mano, la cojió y le saludó con vigor
- ¿Salvarme? ¿Es que hay algún incendio en el edificio? - Toni tenía un humor fino a veces, al menos eso le gustaba pensar a él.
El hombre le miró con sus grandes ojos negros llenos de humanidad. Parecía un buen tipo, aunque el mundo estaba lleno de buenos tipos con ojos grandes y negros. Tenía una gran sonrisa enganchada a la boca. Parecía real, como si conociera algún secreto que iba a revelar pronto.
Toni no sabía que pensar de él.
- ¿Es del ayuntamiento? - Aún tenía que pagar las tasas de recojida de basuras de hacía tres años.
- ¡No¡Vengo de más arriba - y soltó una sonora carcajada que retumbó en las escaleras del edificio - ¡Permítame¡
Y sin más preámbulos se deslizó por el hueco de la puerta que no cubría Toni.
Caminó con paso decidido a la sala de estar. Era una sala de estar fría, sin sofá y sin casi nada, los cristales estaban llenos de gotitas de agua y entraba poca luz, el sol no tenía agallas para traspasar la maralla de nubes negras.
Solo había un par de sillas de plástico alrededor de una pequeña mesa redonda. Allí se sentó Lucas, poniendo el maletín encima de la mesa. Volvió a levantarse de un salto y se quitó la gabardina. La colocó bien colocada en el respaldo de la silla. Luego puso el sombrero sobre la mesa con elegancia. Se colocó el flequillo en su sitio con los dedos y se sentó.
-¡Siéntese, amigo¡ No le quitaré mucho tiempo - dijo señalando la otra silla con la mano
Era pura eléctricidad. Todos sus movimientos derrochaban una gran energía y seguridad. Justo todo lo que le faltaba a Toni.
Toni estaba cohíbido. Había seguido a Lucas hasta la sala y estaba sentándose enfrente.
- ¡Póngase cómodo¡ - soltó finalmente Lucas
- ¡Bien¡ Como le he dicho, he venido a salvarle. He venido a traerle una revelación.
Y todo zumbaba de eléctricidad, Lucas, las sillas, la mesa redonda y hasta las paredes. Tenía una voz potente Lucas
- No sé de que me está hablando - Toni estaba un poco nervioso. Le hubiera gustado tener el coraje de decirle que se fuera, pero se sentía aplastado por la personalidad del hombre.
- ¿Puede servirme algo para el frío,amigo? - Lucas le echó una gran sonrisa mientras se frotaba vigorosamente las manos. Luego abrió la maleta finamente, pero Toni no podía ver lo que había dentro
- Tengo una botella de Glenfiddich abierta
- Bien, será suficiente amigo
Toni corrió a por la botella y dos vasos .Llegó, los llenó y se sentó en la mesa frente a frente. Se sorprendió a si mismo ante su propio despliegue de amabilidad . No le gustó
- ¡Bueno¡ ¿Qué es eso tan importante que me tiene que revelar? - preguntó Toni mientras bebía un buen trago de su vaso. Hizo una mueca al beber. Demasiado fuerte como desayuno.
El otro se ventiló el vaso de un golpe. Parecía tener bastante práctica.
- ¡Escuche amigo¡ ¿No ha oído hablar del Juicio Final?
- ¿El Juicio Final? ¿El juicio ese de la tele tan famoso del asesino y violador que pillaron hace unos meses?
- ¡No amigo¡ El Juicio Final... ya sabe. El Señor va a traer un Juicio donde nos va a juzgar a todos según lo que hayamos echo en la vida
- ¿Y los que no hallamos echo básicamente nada? - preguntó Toni y pensó que era una aguda pregunta
- ¡Todos hacemos algo...¡ Hasta los que no hacen nada, los que están en una silla de ruedas o son vegetales. O están de su parte o no lo están...T odos tenemos responsabilidad. ¡No hay lugar para la neutralidad en esto, amigo¡ - Lucas era una furia de ademanes y gestos cuando hablaba
- ¿De parte de Quién? - preguntó Toni mientras llenaba de nuevo los vasos
Lucas calibró con la mirada a Toni mientras se frotaba el mentón.
Hubo un silencio. Toni le mantuvo la mirada un segundo. La bajó pronto.
- ¡ Del SEÑOR¡ No me diga que nunca le han hablado del Señor... del Creador. Del Causa Que Llegue A Ser. ¡¡De DIOS,HOMBRE¡¡
Toni bebió otro trago.
- ¡Hombre¡ Todos hemos oído hablar de EL, pero parece que EL no ha oído hablar de nosotros, ¿no le parece?
- ¡No sea blasfemo, amigo¡ El está al corriente de todo lo que hacemos. ¡Hasta el último detalle¡ - se puso ligeramente serio Lucas
-¡Tal vez sea así¡ - concedió Toni
-¡Bien¡ El nos ha revelado que en un plis-plas va a actúar - e hizo chasquear los dedos con furia - ¡Aquí está todo¡ - Abrió el grueso libro e hizo pasar las hojas a toda velocidad ante las narices de Toni
- ¿Qué es eso? - preguntó Toni, aunque sospechaba cuál era la respuesta.
- ¿Qué es esto?, ¿Qué es esto, me pregunta tan tranquilo? - Era como si la pregunta le hubiera mosqueado de veras. Miró al techo como si pidiera paciencia a alguien que solo él podía ver y volvió a mirar a Toni. - ¡La Biblia¡ Por supuesto que es la Biblia,
¿Qué se creía que era? Aquí está toda la verdad ¡ la UNICA VERDAD¡
El predicador hizo una pausa de efecto y se bebió el vaso con fuerza.
Tenía talento para hacerse con su público.Y presencia. Su traje negro le hacía parecer alguien importante con algo importante que decir.
El eco aún retumbaba en la sala vacía. Lucas miró a Toni mientras se servía otro vaso. Más bien lo escaneó. Toni empezaba a estar algo mareado por el whisky. No había comido nada en al menos 24 horas. Si seguía así pronto se le subiría a la cabeza. Quería estar solo, pero ahí tenía a aquel loco predicador, en su sala de estar y no sabía como echarlo de allí.
De pronto, Lucas rompió aquella pausa.
¡¡BOOM¡¡
Su voz sonó como una escandalera de cristales rotos.
Abrió la Biblia de golpe y leyó el primer versículo que encontró. Su voz era teatral, fuerte, ¡como un bombazo¡
-¡SÁLGANSE DE ELLA, PUEBLO MÍO, SI NO QUIEREN PARTICIPAR DE SUS PLAGAS ¡¡PORQUE SUS PECADOS SE HAN AMONTONADO HASTA EL CIELO Y DIOS HA RECORDADO SUS ACTOS INJUSTOS, ¿Lo ve, amigo? No me lo invento yo, ¡¡ ESTÁ AQUÍ ESCRITO, EL LO HA ESCRITO¡¡
Lucas estaba visiblemente excitado y su cara se había vuelto roja como una granada. Toni no estaba seguro de si era por sus palabras o por la bebida.
El otro le cerró el libro de un golpe frente a la nariz. Era verdaderamente bueno para captar su interés.
Toni no sabía que decir. Realmente estaba ahí escrito, aunque por otro lado eso no significaba nada necesariamente. Al no encontrar nada que decir se decidió a llenar los dos vasos de nuevo y encojerse de hombros.
Poco le quedaba a la botella ya.
Lucas estudiaba el efecto de sus palabras en Toni. No sabía que pasaría por su mente. Parecía que todo le traía sin cuidado a ese hombre.
- Un pasaje del APOCALIPSIS, amigo...¡casi nada¡ - el predicador temblaba de emoción
- Escuche, Lucas. Estoy a un paso de creerle, pero no veo la relación conmigo en el asunto. Estoy seguro de que si El quiere traer un Juicio Final a todos los hombres, lo traerá y con razón, pero creo que debería empezar por las mujeres. Al final todos iremos al infierno de cabeza y allí continuará todo igual que aquí. Continuaremos dividiendo las llamas del infierno con fronteras y peajes y poniéndoles una banderita. Habrá hombres que se pelearan con otros hombres por las llamaradas más calientes y brillantes. Se harán ejércitos, tanques y metralletas. Y seguiremos buscando trabajos miserables para ir tirando, solo que no tendremos la salida de morirnos porque ya estaremos muertos
- ¡No diga tonterías, hombre¡ - respondió Lucas.
Lucas era bueno con la oratoria y no le gustaba escuchar a otros esplayarse demasiado. Se levantó lentamente, como si estuviera en un plató de cine.
Se puso a pasear por la habitación mientras hablaba.
-¡Escuche, parece usted un buen hombre¡ He venido a decirle que en pocas semanas Dios traerá su Juicio y el 90 por ciento de la humanidad morirá irremediablemente. Dará igual que hayas sido una buena persona, que hayas dado de comer a los pobres, que hayas pintado bonitos cuadros o que hayas sido el mayor cabrón de la historia de los cabrones de la humanidad. Todos caeran como moscas el Día de la Cólera del Señor. Solo los que hayan acatado sus leyes serán salvos. Y sus leyes son innegocibles, ¡amigo¡ No fornicar, no robar, no asesinar, obedecer al Cesar y amar al prójimo como a tí mismo, entre otras
- Bueno, Lucas, yo ni robo, ni asesino... ni siquiera fornico. Creo que podría ser de los salvados
Lucas se quedó parado y en silencio de nuevo. Aquél tipo se creía demasiado listo.
O eso parecía a veces.
- No es tan facil como crees, amigo. Hay muchos requisitos que ni siquiera imaginas. Debes conocer. Solo el conocimiento exacto del Señor podrá salvarte, y apuesto a que tu no posees ese conocimiento exacto, ¿verdad, amigo?
- Ahí creo que me ha pillado - reconoció Toni.
Apuró la botella sirviendo los dos últimos vasos de whisky. Ambos lo cojieron y se lo tomaron de un golpe. Empezaba a hacer menos frío y Toni se sentía cada vez más suelto.
- ¿Lo ve? Ahí está la cuestión... yo podré arreglar eso del conocimiento. Le regalaré todo el que tengo, que no es poco.
- No sé si me veo con todo ese saber encima, amigo - respondió Toni.
-¡Confíe en mi¡ - respondió Lucas y guiñando un ojo continuó - ¡Sirva otro vaso, amigo¡
-Creo que no queda más - Lucas estaba convencido de que la botella estaba vacía, pero cuando la miró vió que quedaba aún para un par de vasos más. La cojió ligeramente sorprendido y los sirvió.
- ¡Bueno¡ Y más o menos para que día llegará ese Juicio. Tenía una cita importante programada para dentro de diez días - dijo Toni
- Queda muy poco tiempo. No puede gastarlo en tonterías. Hay que concentrarse en lo vital y lo vital ahora es el conocimiento. Voy a venir todos los días a las 10 de la mañana a enseñarle la Biblia. Así que a partir de ahora déjese de trivialidades y concéntrese en sus salvación. ¡Póngame otro vaso, amigo,es un buen whisky¡
El whisky estaba empezando a hacer mella en Toni. Suponía que ya no quedaba, pero aún pudo servir otros dos vasos hasta arriba. "Es extraño", pensó
- ¡Ahora brindemos por su salvación, amigo¡ - se acercó Lucas con un traspie a Toni. Chocaron los vasos y algo de Whisky se derramó en el suelo. Se lo ventilaron.
Lucas volvió a su maleta y empezó a sacar libros.
Un libro grueso, libros más pequeños de colores y algunas revistas. Las colocó y las dejó caer delante de Toni.
- ¡Esto ayudará a que te salves, amigo¡ - aseguró dando golpecitos con el dedo índice sobre las revistas
-¡Espero que con eso sea suficiente¡ - sonrió Toni - ¡ Ahí parece haber muchas letras¡
Lucas echó una carcajada de las suyas. Retumbó todo el edificio.
Estaba ahí de pie, delante de la mesa y medio tambaleándose, dando palmas sonoras alegremente.
Cojió la botella y volvió a llenar los vasos. Los engulleron.
-¡Oiga,amigo¡ Parece un buen trabajo el suyo, ¿Hay alguna forma de entrar en su empresa? - Preguntó Toni trabándo la mitad de las palabras - Hace dos días que me quedé sin trabajo
Lucas se quedó mirando en silencio a Toni, serio de repente. Se dejó caer en la silla pesadamente. Y debía pesar al menos cien kilos largos. La silla protestó pero aguantó.
-¡Esto no es ningún trabajo, amigo¡ - dijo lentamente pero con la forma afectada de hablar de los bebidos. - Esto lo hago yo por amor al prójimo. He tenído que pagarme la gasolina yo mismo. Incluso tuve que cambiar dos neumáticos antes de venir, eso me costó una pasta, ¿sabe? Eso es amor al prójimo, ¿entiende?
-¡ Entiendo¡ No parece que vaya a hacerse rico con esto - dijo Toni
- ¡Oiga,amigo,¿me permite ir al baño a echar una meada? - dijo Lucas levantándose de nuevo. Se le veía bastante tocado con la bebida.
- La segunda a la derecha, por el pasillo - señaló Toni
Toni se quedó allí solo, sentado, volviendo a llenar los vasos y haciendose mil preguntas ¿Qué coño era todo eso? ¿Qué coño pasaba con la botella? ¿Quién coño era ese tipo que estaba en su casa poniendose ciego de priva y hablándole de su salvación?
Estaba sumamente mareado, solo llevaban bebiendo dos horas y estaba realmente beodo. El calor del whisky le subía desde la entrepierna hasta el cogote.
Volvió a vaciar el vaso de un golpe y a llenarlo. No había forma de acabar con la botella.Se lo bebió tambien y volvió a llenarlo.
La botella nunca dejaba de tener para un último trago. ¡¡Era verdaderamente milagroso¡¡
Oyó los pasos del predicador. Entró trastabillando y con la corbata desanudada. Estaba rojo como un tomate y se había echado agua sobre la cara.
Tomaba grandes bocanadas de aire. Parecía un atún recién pescado buscando su bocanada salvadora.
Se dejó caer sobre la silla.
Tomó su vaso lleno y se lo tiró al coleto. Lo llenó dos veces más y se los ventiló igualemente.
- ¡Oiga¡ - dijo Toni tirado sobre la mesa. Las palabras le patinaban en la lengua
.- ¿Cómo consigue que la botella nunca se acabe? ¿Cómo lo hace?
Lucas lo miró tragando aire con la boca abierta y le echó una sonrisa de complicidad.
- Ya le dije que vengo de arriba - y se rió dándose fuertes manotazos en los muslos. Volvió a servir dos tragos más.
Ahora ya no parecía un predicador. Parecía solo un borracho de taverna, gordo, ido y sudoroso. Como tantos otros en cualquier bar de cualquier parte del mundo.
Se tomó el suyo de golpe, dejó el vaso con fuerza en la mesa y se quedó mirando a Toni con los ojos abiertos como platos, como si lo hubiera visto ahora por primera vez y estuviera sorprendido con su descubrimiento.
- Su...su... su... ¡SU SALVACIÓN , amigo¡. ¡SU SALVACIÓN¡ - Pudo decir señalando con el dedo a Toni y se desplomó como un saco de mierda en la mesa.
Toni estaba practicamente en el mismo estado que el otro. Era como si se hubieran bebido tres o cuatro botellas cada uno de whisky en tiempo record. Se fijó en la cabeza del predicador. Era una cabeza grande, inmensa. "Como la cabeza de un gran mastín" - pensó Toni
Trató de levantarse, lo consiguió a la tercera y se quedó allí de pie unos segundos.
- Mi salvación...mi salvación - repitió riéndo - MI SAL...VA...CIÓN
Puso las manos sobre la cabeza del predicador y le pegó unos golpecitos amistosos, despeinando sus cabellos negros. Se inclinó y le dió un beso en la mejilla.
Al fin y al cabo, aquel hombre había pagado de su propio bolsillo la gasolina y los neumáticos para salvarle y eso era mucho más de lo que había echo nadie nunca por él. Incluída su ex-mujer.
Trató de levantarlo para llevarlo a la cama. No podía dejar al amigo que quería salvarle con ese frío encima de la mesa. Tiró de él durante unos minutos sintiéndose cada vez peor y más enfermo.
Le venían arcadas a la boca a cada instante.
Lo intentaba con todas sus fuerzas pero no podía con aquella mole de carne, grasa y conocimiento.
Finalmente no consiguió reprimir una arcada y lo echó todo encima del predicador. Bilis, whisky y más bilis.
El whisky milagroso era igual de malo que el whisky barato cuando se trataba de sus efectos.
Trató de limpiarle con la gabardina y con el sombrero. No lo consiguió.
Decidió que si no podía transladarle a la cama, tampoco él lo haría, debía quedarse a dormirla con su amigo en su silla, frente a frente.
Más tarde solucionarían lo de su salvación.
JORNADA COMPLETA
Tomás salió de casa dando un portazo.
La discusión de hoy con su mujer fué bastante fuerte. Cada vez eran más fuertes y frecuentes. Su matrimonio era como un avión al que hubiran volado un motor en pleno vuelo.
Tomás no sabía bien porqué. Cuando acababan de discutir, rara vez sabía qué era lo que él defendía y de qué se defendía. ¿Hoy porqué había sido? ¿Por dejar los calzoncillos tirados o tal vez por haber olvidado comprar algo? Más bien por los calzoncillos, o eso creía haber entendido esta vez.
Tomás estaba cansado. Cansado por la jornada de trabajo, cansado de madrugar, cansado de su vida monótona, cansado de su jefe y cansado de las discusiones. Lo único que quería era llegar a su casa y repantingarse en su sofá. Pero Amanda estaba a la que salta, como un perro guardian, o quizá como una avispa zumbadora a punto de tirarse en picado sobre su presa.
Amanda estaba pasando por un mal momento, se pasaba el día en casa, sin trabajo, sin amigos, sin nada que hacer excepto limpiar y limpiar y cuidar del bebé y volver a limpiar, pero aquellas batallas diarias acababan rindiendo a un hombre.
Solo había podido estar en casa 20 minutos... los 20 minutos que duró la discusión.
Tomás se dirigió a su coche. Subió y se quedó unos segundos pensando. Estaba cabreado.
Le dolía la cabeza y tenía muchas ganas de mear. Ni siquiera había podido mear en su casa.
Miró el reloj de la radio. Las 7 y 21 de la tarde. Su horario de trabajo eras de 8 a 2 y de 4 a 6.
Pero por lo que a él concernía, era como si estuviera en el trabajo... o peor aún, haciendo horas extra sin cobrarlas.
Metió la llave, arrancó y se fué.
Llegó al puerto. Le gustaba ir a ver el mar y los barcos. Le transmitían cierta calma, le relajaban. Aparcó el coche junto al paseo. El paseo estaba a un nivel más alto que la carretera, encima del malecón. Bajó y se encaminó despacio hacia allí.
Buscó un sitio solitario y echó su meada. Ya se sentía mejor. Vió unas rocas. Fué hacia ellas y se acomodó en ellas. Serían su sofá. Serían inclusor mejor que su sofá.
El sol estaba bajando, pero sus rayos eran aún cálidos. El olor del mar y la música de las olas le reconfortó. Era sin lugar a dudas, lo mejor que le habia pasado a Tomás en el día.
¿Porqué todo resultaba tan difícil?
Las gaviotas berreaban a su alrededor, hacían cabriolas, comían pescado fresco y cagaban. Sobre todo cagaban. Se las veía satisfechas de la vida. Ellas conocían el secreto. Le hubiera gustado ser una gaviota. Una gaviota macho preocupado sólo por pescar, cagar y perpetuar la especie.
Pensó en Amanda. Era una buena chica, varios años mayor que él, pero generalmente se llevaban bien. Claro que tenían sus diferencias. Pero básicamente se lo pasaban bien, y eso ya era bastante.
Llevaban un par de años viviendo juntos, después de varios saliendo, pero últimamente la cosa se iba de las manos... aquello parecía un infierno. Continuas discusiones y batallas. Luego él se iba con un portazo y a las dos horas aparecía para hacer las paces. A él no le importaba volver y hacer las paces. El amaba a su mujer. Solo que estaba cansado de aquello. No entendía el porqué de aquellas peleas.
Tomás sacó una petaca de su bolsillo. Echó un buen trago y dejó que los rayos le pasaran por encima.
¡Qué fácil resultaba a veces conseguir un poco de paz¡
Cerró los ojos. Empezó a ver colores, rojos, amarillos, azúles... según los cerrara con más o menos intensidad. Se distrajo unos minutos con eso.
Oyó ruido. Abrió los ojos y le costó un poco acostumbrarse a la claridad. Había alguien con él.
Al fin pudo ver claramente. Era una vieja, una vieja vestida con un vestido horrible. Era como si hubiera cojido un saco, le hubiera abierto un agujero en un extremo y se hubiera metido dentro.
Llevaba unas parduscas sandalias casi sin suelas, parecía que hubiera dado mil veces la vuelta al mundo con ellas. Llevaba un calcetín de cada color debajo y montones de anillos y collares con cruzes en el cuello. Parecía gitana. Más bien era gitana.
- Yo leo tu mano - soltó
Tomás la miró sorprendido.
Tal vez nunca se había bañado la vieja, pensó.
Tenía la piel de la cara impregnada en una capa verdusca y un bigote que ya querrían muchos adolescentes para ellos. Su cara era huesuda, surcada por millones de arrugas. Era una repelente ciruela pasa.
- ¡Yo leo tu mano¡ - le cojió la mano
- ¡ No, no ¡
- Yo leo tu mano por una moneda - su voz era ronca. Era una gitana de Europa del este.
Tomás apartó su mano y miró hacia los lados. No había nadie cerca. ¿De dónde habría salido?
- Yo leo tu mano - Se la volvió a cojer
Tomás pensó en levantarse e irse, pero estaba realmente a gusto en su sofá de piedra.
- Está bien, léame la mano... ¡pero rápido¡
La gitana le estudió la mano. Le pasó una uña larga y negruzca por las rayas de la mano. Las manos de Tomás eran unas manos finas. Las chicas le decían que tenía unas manos delicadas. Y era bastante cierto... para ser un obrero que trabajaba con ellas.
La vieja continuó con lo suyo. Abría y cerraba los ojos, como viendo o sintiendo "cosas".
Ellas siempre ven y sienten "cosas"
- Tienes linea de vida corta... ¡muy corta¡ - le espetó
- ¿ Ah, si ? ¿Cómo de corta? Espero que pueda solucionar antes algunos problemas - bromeó
- Tienes linea de vida muyyyy corta - repitió - ¡ Da moneda ¡
Tomás retiró su mano y la miró durante unos segundos. Se levantó y sacó un pavo. Se lo dió.
Dinero fácil, pensó
La vieja se levantó de su lado y le dejó una ramita de algo. Tomás no sabía de qué era pero la cojió y la olió. Era un olor agradable. La dejó al lado en la roca.
La vieja desapareció.
Tomás se miró la mano. Solo veía rayas grandes en forma de "M" y otras más pequeñas.
- Así que tengo la linea de la vida muy corta, ¿eh? - se dijo
Llevó la mano de nuevo al bolsillo de la chaqueta y sacó la petaca. Bebió un buen trago a su salud.¡Por su corta vida¡
La guardó y volvió a cerrar los ojos. El sol había bajado bastante. El cielo estaba encendido de rojo y pronto se iría con su luz. Decidió disfrutarlo.
Con los ojos cerrados jugueteó con los colores otra vez, esta vez eran algo más oscuros. Rojos oscuros, amarillos oscuros y azúles oscuros. Pasaron unos minutos.
Oyó ruido de nuevo. Abrió los ojos y tuvo que acostumbrarse a la luz durante unos instantes.
Eran tres tíos. Tres tíos con malas pintas.
Tomás se levantó.
Le rodeaban. Eran tres chicos, no tendrían más de 20 o 22 años. El que parecía llevar la voz cantante sacó una navaja de ocho dedos, algo sucia y oxidada y habló.
Tomás se puso tenso
- Darnos cartera - parecían de Europa del este
- ¡No tengo dinero¡ - retrocedió Tomás
- ¡Darnos cartera¡ - volvió a decir.
Era un crío alto, delgado, de grandes ojos azúles, el cabrón tenía unos bonitos ojos azúles. Tenía el pelo corto por delante y una pequeña y descuidada melenilla por detrás. Se le veía bastante inclenque. Los otros dos parecían clones suyos, aunque sus ojos no brillaban tanto ni eran tan azúles, tal vez por eso el jefe era el otro.
Todos llevaban anillos y collares relucientes. Seguro que no eran oro.
- ¡No tengo dinero, chicos, de veras¡ Solo unas pocas monedas - y metió las manos en los bolsillos del pantalón
Tomás sacó toda su chatarra.
A los chicos no les gustó aquello. Al menos al jefecillo. Los otros miraban al lider encojiéndose de hombros.
Tomás les ofreció sus monedas algo asustado. No parecía que ese fuera su mejor día. Debería estar tirado en el sofá de su casa bebiendo una cerveza o limpiando la mierda al bebé. Pensó en Amanda.
El jefe miró las monedas y le dió un manotazo tirándolas entre las rocas. Parece que no era el botín que esperaba.
Tomás buscaba alguien a quién pedir auxilio con la mirada, pero allí no había más que gaviotas y ellos y las gaviotas no estaban por la labor.
Ellos parecieron confusos durante unos instantes. Discutían entre sí.
- ¡Dejad que me vaya¡ - dijo Tomás
Y comenzó a alejarse lentamente. Ellos se quedaron un instante quietos, pero pronto el lider saltó a su lado de una zancada. Se le veía algo contrariado. Tal vez necesitaba algún gesto de fuerza para mantener su liderazgo en la banda. Sus bonitos ojos azúles tal vez no fueran suficiente.
Cojió a Tomás por el pelo, por detrás y le puso la hoja de la navaja en el cuello.
Tomás sintió una punzada de adrenalina en el pecho y luego en la nuca y por fin en las piernas. Casi no le sostenían...las piernas
El otro le hablaba, pero no entendía nada. No conocía su idioma. Solo le olía. Olía su ropa, olía su piel y olía su aliento. Odiaba su olor. No parecía que les gustase mucho el agua.
De pronto Tomás, sin saber bien como, le clavó el codo en el vientre al tipo. El otro, dolorido, soltó su presa. Tomás se puso frente a él. Solo era un niñato. Le dió un puñetazo en la jeta. El jefe cayó todo lo largo que era soltando la navaja.
- ¡Venid y os partiré el cuello a vosotros tambien¡ - gritó
Los otros se quedaron quietos un par de segundos. Su caudillo había caído, aunque se incorporaba ya con la cara llena de sangre. Les gritó algo a sus colegas.
Estos sacaron como de mala gana sus navajas. Las blandieron contra Tomás.
Despacio, el lider recuperó su arma, se levantó y tomó el mando.
Le rodearon.
Tomás estaba en posición de ataque, tenso, con los puños preparados para romper narizes o dientes a la primera oportunidad. Miraba de uno a otro. Debían de ser hermanos, o tal vez primos, por lo mucho que se parecían.
Saltó el primero contra él. Logró apartarse y pegarle con todas sus fuerzas en el ojo derecho. Fué un buen golpe, duro y limpio. El otro cayó semi-inconsciente.
- ¡Sois un atajo de mariconas¡ - les gritó Tomás -¡VENID¡
Los otros dos caminaban en círculos alrededor de él. Parecían hienas alrededor de un lobo.
De pronto los dos se avalanzaron sobre Tomás a la par.Logró cojer a uno y retorcerle el brazo, pero sintió una punzada metálica en las costillas.Le habían pinchado. Aquél pedazo de mierda le había pinchado.
Le dolió. Un dolor frío y metálico, mil veces peor que un dolor de muelas. Pero no soltó su presa, siguió retorciendo el brazo a aquel cabronazo.El chico berreaba como un cordero en el matadero. Tomás oyó como crujía el hombro. Se lo había roto.
El jefecillo hizo una finta y le volvió a pinchar en el vientre, aún sangraba por la nariz.
Tomás cayó al suelo de rodillas. Aquél pinchazo sí que le dolió. Siempre había leído que los balazos en el vientre eran lo más doloroso. ¡Joder si quemaba aquello¡
Se llevó las manos al vientre. Nunca había visto tanta sangre. Y aún menos tanta sangre saliendo de él. No parecía que un hombre pudiera tener tanta. Y olía. Olía a algo pastoso, a alguna salsa de especias que había probado algúna vez, o algún plato chino.
Los chicos se levantaron asustados cuando vieron toda aquella sangre. Miraron alrededor buscando testigos pero allí no había nadie y cada vez había menos luz.
El sol no quería saber nada del asunto.
Hulleron como ratas dejándolo ahí tirado.
Tomás se echó suavemente en tierra. Sentía cómo su vida se escapaba a borbotones por aquellos dos agujeros.
Se colocó mirando hacia el mar, hacia el sol. Apenas le dolían ya las heridas.
Sólo sentía no haber podido arreglar su tema con Amanda... y su bebé. Sobre todo su crío. Su padre muerto por tres niñatos en un malecón, pensó. No era nada de qué estar orgulloso.
¡¡Si solo pudiera verlo un par de segundos¡¡
Alzó la vista. Ahí seguían las gaviotas, berreando y cagando. Una se posó cerca y le miró.
Se acercó a Tomás. Le observó con curiosidad. Pronto se cansó y se dió la vuelta en busca
de algo más interesante. ¡Ellas sí que conocían el secreto¡ Al menos caminaban como si lo conocieran.
Echó a volar.
Tomás tenía las manos delante de los ojos. Se fijó en sus manos. Echó otro vistazo a sus lineas.
Efectívamente, si parecía tener una linea de vida corta. Pensó en la gitana. Encima pagó por ello.
- ¡ Maldita vieja bruja¡ - dijo entre dientes
La discusión de hoy con su mujer fué bastante fuerte. Cada vez eran más fuertes y frecuentes. Su matrimonio era como un avión al que hubiran volado un motor en pleno vuelo.
Tomás no sabía bien porqué. Cuando acababan de discutir, rara vez sabía qué era lo que él defendía y de qué se defendía. ¿Hoy porqué había sido? ¿Por dejar los calzoncillos tirados o tal vez por haber olvidado comprar algo? Más bien por los calzoncillos, o eso creía haber entendido esta vez.
Tomás estaba cansado. Cansado por la jornada de trabajo, cansado de madrugar, cansado de su vida monótona, cansado de su jefe y cansado de las discusiones. Lo único que quería era llegar a su casa y repantingarse en su sofá. Pero Amanda estaba a la que salta, como un perro guardian, o quizá como una avispa zumbadora a punto de tirarse en picado sobre su presa.
Amanda estaba pasando por un mal momento, se pasaba el día en casa, sin trabajo, sin amigos, sin nada que hacer excepto limpiar y limpiar y cuidar del bebé y volver a limpiar, pero aquellas batallas diarias acababan rindiendo a un hombre.
Solo había podido estar en casa 20 minutos... los 20 minutos que duró la discusión.
Tomás se dirigió a su coche. Subió y se quedó unos segundos pensando. Estaba cabreado.
Le dolía la cabeza y tenía muchas ganas de mear. Ni siquiera había podido mear en su casa.
Miró el reloj de la radio. Las 7 y 21 de la tarde. Su horario de trabajo eras de 8 a 2 y de 4 a 6.
Pero por lo que a él concernía, era como si estuviera en el trabajo... o peor aún, haciendo horas extra sin cobrarlas.
Metió la llave, arrancó y se fué.
Llegó al puerto. Le gustaba ir a ver el mar y los barcos. Le transmitían cierta calma, le relajaban. Aparcó el coche junto al paseo. El paseo estaba a un nivel más alto que la carretera, encima del malecón. Bajó y se encaminó despacio hacia allí.
Buscó un sitio solitario y echó su meada. Ya se sentía mejor. Vió unas rocas. Fué hacia ellas y se acomodó en ellas. Serían su sofá. Serían inclusor mejor que su sofá.
El sol estaba bajando, pero sus rayos eran aún cálidos. El olor del mar y la música de las olas le reconfortó. Era sin lugar a dudas, lo mejor que le habia pasado a Tomás en el día.
¿Porqué todo resultaba tan difícil?
Las gaviotas berreaban a su alrededor, hacían cabriolas, comían pescado fresco y cagaban. Sobre todo cagaban. Se las veía satisfechas de la vida. Ellas conocían el secreto. Le hubiera gustado ser una gaviota. Una gaviota macho preocupado sólo por pescar, cagar y perpetuar la especie.
Pensó en Amanda. Era una buena chica, varios años mayor que él, pero generalmente se llevaban bien. Claro que tenían sus diferencias. Pero básicamente se lo pasaban bien, y eso ya era bastante.
Llevaban un par de años viviendo juntos, después de varios saliendo, pero últimamente la cosa se iba de las manos... aquello parecía un infierno. Continuas discusiones y batallas. Luego él se iba con un portazo y a las dos horas aparecía para hacer las paces. A él no le importaba volver y hacer las paces. El amaba a su mujer. Solo que estaba cansado de aquello. No entendía el porqué de aquellas peleas.
Tomás sacó una petaca de su bolsillo. Echó un buen trago y dejó que los rayos le pasaran por encima.
¡Qué fácil resultaba a veces conseguir un poco de paz¡
Cerró los ojos. Empezó a ver colores, rojos, amarillos, azúles... según los cerrara con más o menos intensidad. Se distrajo unos minutos con eso.
Oyó ruido. Abrió los ojos y le costó un poco acostumbrarse a la claridad. Había alguien con él.
Al fin pudo ver claramente. Era una vieja, una vieja vestida con un vestido horrible. Era como si hubiera cojido un saco, le hubiera abierto un agujero en un extremo y se hubiera metido dentro.
Llevaba unas parduscas sandalias casi sin suelas, parecía que hubiera dado mil veces la vuelta al mundo con ellas. Llevaba un calcetín de cada color debajo y montones de anillos y collares con cruzes en el cuello. Parecía gitana. Más bien era gitana.
- Yo leo tu mano - soltó
Tomás la miró sorprendido.
Tal vez nunca se había bañado la vieja, pensó.
Tenía la piel de la cara impregnada en una capa verdusca y un bigote que ya querrían muchos adolescentes para ellos. Su cara era huesuda, surcada por millones de arrugas. Era una repelente ciruela pasa.
- ¡Yo leo tu mano¡ - le cojió la mano
- ¡ No, no ¡
- Yo leo tu mano por una moneda - su voz era ronca. Era una gitana de Europa del este.
Tomás apartó su mano y miró hacia los lados. No había nadie cerca. ¿De dónde habría salido?
- Yo leo tu mano - Se la volvió a cojer
Tomás pensó en levantarse e irse, pero estaba realmente a gusto en su sofá de piedra.
- Está bien, léame la mano... ¡pero rápido¡
La gitana le estudió la mano. Le pasó una uña larga y negruzca por las rayas de la mano. Las manos de Tomás eran unas manos finas. Las chicas le decían que tenía unas manos delicadas. Y era bastante cierto... para ser un obrero que trabajaba con ellas.
La vieja continuó con lo suyo. Abría y cerraba los ojos, como viendo o sintiendo "cosas".
Ellas siempre ven y sienten "cosas"
- Tienes linea de vida corta... ¡muy corta¡ - le espetó
- ¿ Ah, si ? ¿Cómo de corta? Espero que pueda solucionar antes algunos problemas - bromeó
- Tienes linea de vida muyyyy corta - repitió - ¡ Da moneda ¡
Tomás retiró su mano y la miró durante unos segundos. Se levantó y sacó un pavo. Se lo dió.
Dinero fácil, pensó
La vieja se levantó de su lado y le dejó una ramita de algo. Tomás no sabía de qué era pero la cojió y la olió. Era un olor agradable. La dejó al lado en la roca.
La vieja desapareció.
Tomás se miró la mano. Solo veía rayas grandes en forma de "M" y otras más pequeñas.
- Así que tengo la linea de la vida muy corta, ¿eh? - se dijo
Llevó la mano de nuevo al bolsillo de la chaqueta y sacó la petaca. Bebió un buen trago a su salud.¡Por su corta vida¡
La guardó y volvió a cerrar los ojos. El sol había bajado bastante. El cielo estaba encendido de rojo y pronto se iría con su luz. Decidió disfrutarlo.
Con los ojos cerrados jugueteó con los colores otra vez, esta vez eran algo más oscuros. Rojos oscuros, amarillos oscuros y azúles oscuros. Pasaron unos minutos.
Oyó ruido de nuevo. Abrió los ojos y tuvo que acostumbrarse a la luz durante unos instantes.
Eran tres tíos. Tres tíos con malas pintas.
Tomás se levantó.
Le rodeaban. Eran tres chicos, no tendrían más de 20 o 22 años. El que parecía llevar la voz cantante sacó una navaja de ocho dedos, algo sucia y oxidada y habló.
Tomás se puso tenso
- Darnos cartera - parecían de Europa del este
- ¡No tengo dinero¡ - retrocedió Tomás
- ¡Darnos cartera¡ - volvió a decir.
Era un crío alto, delgado, de grandes ojos azúles, el cabrón tenía unos bonitos ojos azúles. Tenía el pelo corto por delante y una pequeña y descuidada melenilla por detrás. Se le veía bastante inclenque. Los otros dos parecían clones suyos, aunque sus ojos no brillaban tanto ni eran tan azúles, tal vez por eso el jefe era el otro.
Todos llevaban anillos y collares relucientes. Seguro que no eran oro.
- ¡No tengo dinero, chicos, de veras¡ Solo unas pocas monedas - y metió las manos en los bolsillos del pantalón
Tomás sacó toda su chatarra.
A los chicos no les gustó aquello. Al menos al jefecillo. Los otros miraban al lider encojiéndose de hombros.
Tomás les ofreció sus monedas algo asustado. No parecía que ese fuera su mejor día. Debería estar tirado en el sofá de su casa bebiendo una cerveza o limpiando la mierda al bebé. Pensó en Amanda.
El jefe miró las monedas y le dió un manotazo tirándolas entre las rocas. Parece que no era el botín que esperaba.
Tomás buscaba alguien a quién pedir auxilio con la mirada, pero allí no había más que gaviotas y ellos y las gaviotas no estaban por la labor.
Ellos parecieron confusos durante unos instantes. Discutían entre sí.
- ¡Dejad que me vaya¡ - dijo Tomás
Y comenzó a alejarse lentamente. Ellos se quedaron un instante quietos, pero pronto el lider saltó a su lado de una zancada. Se le veía algo contrariado. Tal vez necesitaba algún gesto de fuerza para mantener su liderazgo en la banda. Sus bonitos ojos azúles tal vez no fueran suficiente.
Cojió a Tomás por el pelo, por detrás y le puso la hoja de la navaja en el cuello.
Tomás sintió una punzada de adrenalina en el pecho y luego en la nuca y por fin en las piernas. Casi no le sostenían...las piernas
El otro le hablaba, pero no entendía nada. No conocía su idioma. Solo le olía. Olía su ropa, olía su piel y olía su aliento. Odiaba su olor. No parecía que les gustase mucho el agua.
De pronto Tomás, sin saber bien como, le clavó el codo en el vientre al tipo. El otro, dolorido, soltó su presa. Tomás se puso frente a él. Solo era un niñato. Le dió un puñetazo en la jeta. El jefe cayó todo lo largo que era soltando la navaja.
- ¡Venid y os partiré el cuello a vosotros tambien¡ - gritó
Los otros se quedaron quietos un par de segundos. Su caudillo había caído, aunque se incorporaba ya con la cara llena de sangre. Les gritó algo a sus colegas.
Estos sacaron como de mala gana sus navajas. Las blandieron contra Tomás.
Despacio, el lider recuperó su arma, se levantó y tomó el mando.
Le rodearon.
Tomás estaba en posición de ataque, tenso, con los puños preparados para romper narizes o dientes a la primera oportunidad. Miraba de uno a otro. Debían de ser hermanos, o tal vez primos, por lo mucho que se parecían.
Saltó el primero contra él. Logró apartarse y pegarle con todas sus fuerzas en el ojo derecho. Fué un buen golpe, duro y limpio. El otro cayó semi-inconsciente.
- ¡Sois un atajo de mariconas¡ - les gritó Tomás -¡VENID¡
Los otros dos caminaban en círculos alrededor de él. Parecían hienas alrededor de un lobo.
De pronto los dos se avalanzaron sobre Tomás a la par.Logró cojer a uno y retorcerle el brazo, pero sintió una punzada metálica en las costillas.Le habían pinchado. Aquél pedazo de mierda le había pinchado.
Le dolió. Un dolor frío y metálico, mil veces peor que un dolor de muelas. Pero no soltó su presa, siguió retorciendo el brazo a aquel cabronazo.El chico berreaba como un cordero en el matadero. Tomás oyó como crujía el hombro. Se lo había roto.
El jefecillo hizo una finta y le volvió a pinchar en el vientre, aún sangraba por la nariz.
Tomás cayó al suelo de rodillas. Aquél pinchazo sí que le dolió. Siempre había leído que los balazos en el vientre eran lo más doloroso. ¡Joder si quemaba aquello¡
Se llevó las manos al vientre. Nunca había visto tanta sangre. Y aún menos tanta sangre saliendo de él. No parecía que un hombre pudiera tener tanta. Y olía. Olía a algo pastoso, a alguna salsa de especias que había probado algúna vez, o algún plato chino.
Los chicos se levantaron asustados cuando vieron toda aquella sangre. Miraron alrededor buscando testigos pero allí no había nadie y cada vez había menos luz.
El sol no quería saber nada del asunto.
Hulleron como ratas dejándolo ahí tirado.
Tomás se echó suavemente en tierra. Sentía cómo su vida se escapaba a borbotones por aquellos dos agujeros.
Se colocó mirando hacia el mar, hacia el sol. Apenas le dolían ya las heridas.
Sólo sentía no haber podido arreglar su tema con Amanda... y su bebé. Sobre todo su crío. Su padre muerto por tres niñatos en un malecón, pensó. No era nada de qué estar orgulloso.
¡¡Si solo pudiera verlo un par de segundos¡¡
Alzó la vista. Ahí seguían las gaviotas, berreando y cagando. Una se posó cerca y le miró.
Se acercó a Tomás. Le observó con curiosidad. Pronto se cansó y se dió la vuelta en busca
de algo más interesante. ¡Ellas sí que conocían el secreto¡ Al menos caminaban como si lo conocieran.
Echó a volar.
Tomás tenía las manos delante de los ojos. Se fijó en sus manos. Echó otro vistazo a sus lineas.
Efectívamente, si parecía tener una linea de vida corta. Pensó en la gitana. Encima pagó por ello.
- ¡ Maldita vieja bruja¡ - dijo entre dientes
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